La revolución del azul

Repensando su propia época desde su perspectiva espiritual y estética, Yves Klein actuó como bisagra con las generaciones venideras, permitiendo la irrupción de otros movimientos como el arte conceptual, el minimalismo y el pop. Su objetivo revolucionario consistía en repensar radicalmente el mundo en términos tanto estéticos como espirituales. Esta primera retrospectiva del francés en Argentina -la exhibición se realiza en Fundación Proa hasta el 31 de julio-, nos muestra a un artista provocador e innovador, cuya producción anticipará muchos de los cambios culturales que sucederán luego de su temprana muerte y dejará una huella indeleble en las posteriores manifestaciones artísticas del siglo XX y contemporáneas.
La exhibición cuenta con más de 70 obras y alrededor de 100 documentos, incluyendo las producciones más emblemáticas de uno de los mayores exponentes del arte contemporáneo del siglo XX y creador de un nuevo color en la historia del arte: el International Klein Blue (IKB). La muestra reúne sus primeras pinturas monocromáticas de 1955; sus célebres cuadros de azul ultramarino saturado; las pinturas de fuego; las Cosmogonías de lluvia y viento; las series de Esculturas Esponjas y las obras en oro –resultado del trabajo de varios años combinando práctica pictórica, espiritualidad, la fuerza de la naturaleza y la exploración de un camino hacia lo absoluto.
En la recorrida por las diferentes salas del edificio de dos plantas ubicado en Av. Pedro de Mendoza 1929, se brinda una síntesis de los distintos momentos de la carrera de Klein. El inicio de su época azul, celebrada en 1957 con la doble exposición en las galerías parisinas de Iris Clert y Colette Allendy sirve de preámbulo para las siguientes salas. Están sus incursiones en arquitectura -la monumental obra para el foyer de la Opera de Gelsenkirchen es un ejemplo-, su paso de la pintura monocroma a su concentración en el azul, color que se transformará en una marca personal.
Según el artista, el color es la sensibilidad materializada, y el azul, el color de la profundidad del vacío. Pensaba en una revolución azul que imaginaba ocurriría en París, con toda la ciudad iluminada en ese tono. En un rincón de la sala, podemos escuchar a Klein conversando consigo mismo. Una noche de 1961, con un grabador en mano, se desafía a sí mismo a responder preguntas sobre sus obras y su rol de artista. El francés utilizó mucho las esculturas de esponjas y las Antropometrías. Sobre las esponjas, decía que dichas esculturas podrían ser una metáfora del arte y de cómo deseaba que el espectador se impregne de sensibilidad frente a sus monocromos. Sus Antropometrías consistían en cuerpos desnudos embadurnados con pintura que respondían a las órdenes de Klein.
Las pinturas de fuego fueron sus últimas experimentaciones. Las realizó por medio de la combustión sirecta sobre cartón, vertiendo agua sobre el soporte para que la acción de las llamas imprimiera los trazos del agua. En su búsqueda por lograr la inmaterialización del arte, el fuego significó un paso más cerca del vacío, en donde -para el artista- éste arde constantemente.

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Autor

Raúl Bertone