El relato profético de Mujámmad ordena plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Desconozco si la primera tarea fue cumplida, pero Héctor Massara es padre y su libro se llama Tierraplana. Que se echó a andar después de ser una realidad tangible. Dispuesto a iniciar su vida itinerante. La primera novela de Massara coincide con el lanzamiento de El Lobo Estepario como editorial. Inaugurando de esa manera la colección de narrativa.
El alumbramiento de un libro. La escritura como vaso comunicante. Tierraplana es una obra que comenzó lentamente a germinar con fuerza, impulsado por un entusiasmo compartido. Y sustentado en el principio de la complementariedad. En tiempos de plataformas digitales, afrontar la idea de un libro en papel es casi una aventura. Ahí radica el gesto heroico. Tiene un halo de romanticismo puro en esta época. Nos emocionamos con la oportunidad de acompañar a Héctor y de publicar un texto necesario. De poder abrir la puerta a aportaciones para mantener el pulso a la cultura pampeana.
La presentación en sociedad de Tierraplana se producirá el próximo viernes 19 de mayo, a partir de las 20:15 horas, en las instalaciones de Mundos Librería, situada en la calle Francia 1293 esquina Italia, de la localidad de Realicó. Estarán el autor del libro, acompañado por Eduardo Senac -uno de los editores de El Lobo Estepario-, María Victoria Cabeza -propietaria de la librería que cobijará el evento-, y el músico realiquense Bernabé Bustamante. Invitamos desde este humilde refugio a recorrer el texto. A compartir la fuerza expresiva que nos ofrece en todo momento. Al fin y al cabo, las palabras escritas son una de las pocas verificaciones de nuestras aspiraciones a la eternidad.
Así escribe
«Damacio llegó de su recreo vespertino, se había aficionado a la lectura de la Biblia y era una máquina de repetir versículos y parábolas. Con envidiable inteligencia utilizaba el lenguaje metafórico y construía justificativos para su enorme lista de pecados. Sus razonamientos eran tan intrincados que quizá, si encontraba quién lo escuchara, podría terminar sus días canonizado. Le costó a Roque un enorme esfuerzo soportar la desvariada charla. Se tumbó en el camastro con el enorme peso de la decepción latiéndole en las sienes, la letanía del preso se volvió suave y casi inaudible y pasó a ser un sonido monocorde que lo ayudó a dormirse». Fragmento de Tierraplana.