Paseabas como la luna se pasea entre las estrellas…
La gente la miraba sin disimular su asombro
y uno de ellos era yo: quedé inmóvil.
Mi sombra se movió sin mi permiso
quería verla,
era tan hermosa,
entonces como al descuido se dio vuelta y me miró,
desapareció sonriendo.
Desde ese día a la seis de la tarde estoy sentado en un viejo tapial
cerca del puerto,
y mi sombra también está.