El objetivo del periodista ‘Jolo’ Aguirre, para no quejarse de que “en Pico nunca pasa nada”, fue “valorar los talentos de la gente”. Y para valorar esos talentos, debe haber gente dispuesta a mostrarlos, un espacio para su manifestación y, también, gente dispuesta a observar, a dejarse llevar, a encontrarse con otros. Nada de eso faltó durante la tarde del último día de febrero en la Plaza San Martín, y a la vez mucho más.
La plaza pública fue desde tiempos remotos el lugar de comunicación social por antonomasia, el lugar de paso y convocatoria de cada pueblo, por eso elegido por actores, músicos, recitadores, vendedores y políticos para darse a conocer. Sin embargo, el modelo del mundo fue cambiando los hábitos de la gente a tal punto que hay quienes dicen que la plaza pública trasladó su sitio y ya no se encuadra en el centro comunitario de las ciudades, sino en los ángulos de la pantalla de la computadora que usa cada persona.
Razón por la cual, “llenar la plaza de arte”, que antes hubiese sido un evento normal y cotidiano, adquirió en este tiempo un matiz original. La propuesta generó una expectativa emocionante: implicaba que los artistas y el público salieran de su pantalla, de su pequeña plaza virtual y personalizada, a encontrarse con la gente real al aire libre.
Paradójicamente, los artistas, los que hacen cosas concretas con su talento, fueron convocados virtualmente mediante la red social más extendida, y fueron publicando, algunos al tiempo de la muestra, sus producciones a través de la misma red.
La muestra, la diversidad
Las sociedades modernas transcurren en la mezcla constante, como amas de casa a la deriva, con toda la ropa, la nueva y la vieja, sobre la cama o la mesa. Se podía ver eso ayer, en la plaza piquense, donde confluían el índice de bronce del libertador y las muecas de los que, como niños, se esforzaban por hacer reír al que se unía a mirar.
Papelitos con poemas de ‘El Bardino’ y de Juanjo Sena se ondulaban en los troncos de los árboles; una serie de fotografías pegadas sobre una tapia con placas de reconocimiento evocaban, entre otras cosas, la memoria de Sofía Viale; unos chicos de no más de doce años tocaron rock en una banda llamada ‘Los tres chiflados’; un músico sobre una caja peruana a pocos metros de un artesano que vendía cuchillos. Narradoras, malabaristas y acróbatas. Reggaeton y flamenco. Como un escenario de todo, en desniveles y sin bambalinas.
‘Jolo’ Aguirre, reconocido por sus cuentos de fútbol, ahora es conocido por esta idea y muchos ya le están pidiendo que la repita. El periodista se dijo “sorprendido por la gente que fue a observar y a mostrar lo que hace”. Y aunque este tipo de convocatorias apuntan a ser espontáneas, él fue creando canales de diálogo previo, mandando invitaciones. También agradeció la ayuda para la organización de la artista local Alicia Malerba.
“Quería que para la gente resultara un golpe de efecto”, dijo. Lo espontáneo no fue para los artistas que habían sido previamente convocados sino para el público que de repente, sin que se tratara de una fecha especial, pasó y se quedó a interactuar, a conocerse o a reencontrarse.