Trasuntamos un cuento de Luis Matías González, reconocido periodista y escritor realiquense.
Voces registradas en ninguna parte, sostienen que existe un documento oculto en la Biblioteca Avellaneda que guarda un secreto de dimensiones inconmensurables, por el significado de la revelación.
El mismo ofrece con lujo de detalles la orientación y los pasos que una persona debería realizar desde el altar de la Parroquia local, hacia el corazón de la Plaza Irigoyen, como la cantidad de metros que se deberían cavar, bajo qué estado de Luna y mirando cuál cardinal, para efectuar el hallazgo que cambiaría la vida de quien lo obtenga.
Dicen algunos, citando fuentes difusas, que ya hubo personas que han intentado la tarea sin hallar antes el escrito, por lo que no tuvieron suerte en la búsqueda.
La desazón a quien solo busca por creer que se trata de un tesoro de riquezas materiales, lo ha marcado con una vida de penas y amores no correspondidos.
Alguien me contó que una tierna viejita ha murmurado alguna vez, que lo que en realidad se esconde enterrado en la profundidad de la tierra, bajo un árbol que jamás se seca y (por el contrario), luce siempre de un color atrapantemente verde, es un celestial listado escrito por un puño que se presume divino, de todos aquellos que se prometieron amor eterno en la plaza céntrica alguna vez, sellando ese acto con un dulce beso.
Muchos materialistas que ahora leen el posible contenido del mágico cofre, seguro han tirado sus ambiciosas palas.
Otros las comienzan a afilar para el fisgoneo chusma de nombres y apellidos.
Pocos quizás, en cambio, se habrán emocionado por creerse nombrados allí o sentir que algunos personajes cercanos a su corazón, integran la nómina.
