Una poesía de Dardo Cuellar
Dicen que hay un lugar
donde crecen las palomas.
Y otro donde se queman las puertas.
Ese es
el de la decisión final.
O se arde,
o se crece.
El ladrón de la cruz
Dijo: sálvate si eres Dios.
El otro dijo:
es justo que estemos aquí.
Y clemencia encontró.
Como un enfermo
que reconoce su padecer,
tal vez hallé cura.
Sin eso.
¡No hay nada!
Y es consumido en desamparo y olvido.
Los símbolos apócrifos manifiestan
nuestro ser.
Y ellos deben hablar.
En una voz sin tiempo,
que pueda clamar.
Aunque la muerte
eterna nos encuentre,
a través de estas letras.
Nos unimos.
En una cadena de gotas
del inmenso mar.