Edward Estlin Cummings, a quien se le conoce por ese lúdico nombre de e.e. Cummings, decía que la poesía tenía que ver con hacer. Es ese viaje entre todos los caminos posibles. Y toda escritura es cuestión de pulso, es ponerse en condición de ser guiado sin forzar esa red de caminos. En esa construcción permanente de la escritura se va comprobando que también se abre una puerta para descubrir una huella sinuosa hasta instalarse finalmente en un solo surco.
Olga Liliana Reinoso es una de las más destacadas poetas de La Pampa. A partir de escenarios y de situaciones diversas usa el arsenal del lenguaje para buscarle nuevas posibilidades. Como poeta, Reinoso está siempre activa. Y así como en poesía la palabra es una chispa de magia subjetiva con la que se comunica todo el ser, la escritora nacida en Capital Federal y viviendo desde hace muchos años en General Pico, tiene su propia voz y dice su mundo a través de esa mirada diferente.
Oliver y los jazmines es el séptimo libro de poesía de Reinoso. Su primera obra fue Estar con vos, en 1982. Le siguieron Palabra de mujer (1991), A Quemarropa (1998), Cuentos con descuento (2007), La sembradora (2010), Nunca sabré por qué (2017), En este mundo traidor, Artículos para reflexionar y refrescar la memoria (2017), Palabra herida (2018), el ensayo Educar para la paz: he aquí la cuestión, Crímenes impunes y otras maldades (2021) y Convicta (2021).
Integrante del grupo fundador del Grupo de Escritores Piquenses, Reinoso destacó que su nueva producción literaria nació en noviembre de 2021 después de ver la película Llámame por tu nombre, dirigida por Luca Guadagnini, basada en el libro homónimo de André Aciman. En el poema IV podemos leer: «Qué vergüenza/los abrazos de apuro/las mentiras urgentes/los besos en el aire/la caricia inconclusa/te quiero no./Yo también./Con estas manos de amar/puedo también matarte». La imagen de tapa es un collage digital de Frank Moth, intervenida por la editora Maía Laura Coppié. Y la foto de solapa pertenece a Ramiro Marsikani.

En el prólogo, Alicia Márquez escribe: «Cuando las mujeres amamos, no lo hacemos con medias tintas. Cuando las mujeres amamos, somos himnos gritados, somos tormentas, somos cachorros bajo la lluvia, somos brujas desmelenadas, somos bizcochuelos tiernos, somos irremisiblemente locas. Todo eso es el libro de Olga Liliana. Todo eso, y es, además, el libro del desencuentro y encuentro amoroso, del desamor, del olvido desolvidado, de la desesperación “con estas manos de amar puedo también matarte”. Y ella se desespera porque extraña y porque sabe que “las palabras no hacen el amor”. No, no lo hacen, pero salvan. Aúllan. La poesía de Olga Liliana es húmeda y olorosa porque surge de una fuente viva, mágica, temblorosa, pura fuerza, pura emoción. Pura desesperanza como ese jazmín que le recuerda que ya no da flor, que solo queda el verde, que quizás…algún capullo, que no se sabe. Poesía vibrante que resplandece en lo oscuro de la tristeza, que exorciza los demonios y que también habita con ellos y se nutre de ellos, regalándonos imágenes bellísimas y conmovedoras. Gran poesía del amor, de la desesperanza, del adiós, del no saber o no comprender, del pedir, del rechazar. Cada poema es hablar en voz alta de lo que se extraña, con toda la ingenuidad que nos presta el amor, que es el más astuto de los dioses porque nos hace creer que es eterno. Bienvenido este amoroso y feroz libro, pájaro preso en un cuarto con las ventanas cerradas».
Y en la contratapa del libro que será presentado en el mes de abril, Mauricio Cappiello y César H. Suárez expresan textualmente lo siguiente: «Una película, un amor en lo diverso, esa historia que nos atrapa. Una poeta, logra transmitir, esa emoción a través de sus poemas. En un mundo donde las otredades no se respetan, contar desde lo poético, cautivarnos y demostrar que con amor todo es posible y aún más. Olga Liliana Reinoso nos atraviesa con su emotividad, con su decir, conquista, emerger desde la pantalla, las imágenes, pasiones y existir en el poema. San Agustín escribió “Si hay amor no existe el pecado”. Ser en el amar todo, eso que nos implica, las certezas, equivocaciones, de vivir en el amor, por y para él, alegoría de esa voz que llega, cómplices del temblor, del instante, de la ausencia. En un tiempo de apuros, el libro de Olga, es para detenerse, en ese universo de pulsión poética, en cada poema, en ese lugar habitado por la metáfora del amar y ser amado. El silencio es la respuesta de oír al amor, llamarnos por nuestro nombre. Olga sabe amar y lo resignifica desde lo auténtico de su nombre, sin cobardías, ni pudores, con la libertad de ser mujer en el amar, hoy, mañana y siempre, así ella nos sumerge, en su dicción sobre el sentimiento más puro, la infinitud en una historia del amor».