«Una fotografía no es un accidente, es un concepto» lanzó cierta vez el gran Ansel Adams. En el bullicio de las ciudades suceden cantidad de acontecimientos, hechos en los que buscar ese punto de emoción que aporte otro talante a las imágenes que un fotógrafo urbano busca capturar. Animales, edificios, el ir y venir de las vidas de cada uno de nosotros, miradas, encuentros y desencuentros. Todo un abanico de posibilidades que podrían convertirse en protagonistas. La fotografía urbana es un estilo de vida. Una ciudad o un pueblo supone una inagotable fuente inagotable de inspiración para el desarrollo de la expresión artística en casi cualquier disciplina. Existen tantas formas de “ver” a través de ella como personas que empuñan una cámara de fotos, un pincel o un instrumento musical.
El chileno Mauricio Benavides, nacido en Santiago, en 1966, es un francotirador urbano, que aborda muchas veces a la gente por sorpresa, robándoles un instante sin que ellos estuviesen preparados para aceptarlo. La calle es su principal ecosistema de trabajo, que junto a cierta “agresividad” fotográfica, le permiten conseguir momentos limpios, realistas, sorpresivos. Benavides visitará en los próximos días la ciudad de Santa Rosa para brindar un taller de fotografía urbana, en una doble jornada a cumplirse el fin de semana convocada por el Espacio Del Desierto. Y la ocasión será aprovechada para la realización de una muestra del trasandino que ha sido denominada «Cotidiano», bajo la curaduría de Joaquín Rodríguez, a inaugurarse el viernes 26, a las 20:00 horas, en la Fotogalería «Horacio Echaniz», del Centro Municipal de Cultura (CMC), situada en la calle Quintana 172.
Las imágenes de Benavídes no necesitan ser explicadas ni justificadas, tienen voz propia. Tampoco dependen de un conjunto para sostenerse, cada una de ellas es capaz, por sí misma, de contar una historia, y no cualquier historia, porque si hay algo que caracteriza a esta obra es la carga poética con la que está construída. Tampoco se las puede clasificar tan fácilmente y afirmar que se trata de «fotografía urbana», porque no sería una definición adecuada, pero sí es justo decir que hay una alusión constante a la dignidad humana. Aquí, en este subgénero, se llame como se llame, hay un punto que es ineludible y es la capacidad del autor para anticiparse a lo que va a ocurrir, el poder prever, más o menos, la escena siguiente. Y en fotografía, hablar de escena siguiente, quiere decir tomar decisiones en el espacio vacío entre una y otra, que son fracciones de segundo. Esa habilidad para intuir el futuro, un futuro que requiere de precisión cronométrica, es lo que determina la exactitud del recorte. Claro que esto no es lo único ni lo más destacable en la obra de Mauricio, aunque ayude. Ninguna de estas destrezas servirían de mucho se atrás de la cámara no hubiera un hombre perceptivo, capaz de detectar lo trascendental de esos momentos aparentemente banales, vinculados a la cambiante naturaleza humana y al devenir de la existencia en esta sociedad que cohabitamos.
El ojo puesto en la cotidianidad urbana
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