Emerson dedica al fuego

Cuando Bialik escribe que «el camino del creador es como el vuelo del águila en el cielo. ¿Quién le fijará los límites y quién le señalará el rumbo?», nos está diciendo hiperbólicamente que cada escritor es el Dios de sí mismo en cuanto puede escribir, o mejor dicho reescribir, la clase de vida que quiere trazar. Y aparentemente, nadie más puede hacerlo. Por eso insistimos en el universo que vive detrás de las tapas, detrás de las dedicatorias que nos abren las puertas a una respiración tan distinta al hálito silvestre de los días.
No es casual, entonces, que Ralph Waldo Emerson escriba una dedicatoria diciendo: «Cada libro quemado ilumina el mundo.»

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