«En la búsqueda vivieron una serie de aventuras que cambiaron sus vidas»

Arma con dedicación y mucho amor su rincón de las historias. Ese rincón donde todo es posible. Como probar palabras con el dedo, viajar a lugares lejanos, encender un mar de fuegos. Ese collage en el que la presencia de la palabra tiene su contrapunto en el juego con títeres y objetos cotidianos que de modo simbólico se convierten en personajes de las historias. Introduciéndose en la aventura de contar y escuchar. Donde las palabras cobran vida. Donde la magia de los títeres abre la puerta de universos insospechados. Recreando mundos maravillosos. Logrando esa conexión de los niños con la fascinante experiencia de vincularse, participando como espectadores de un espectáculo, pero también como productores de esa manifestación estética.
Silvina Barroso es narradora, actriz y titiritera. El titiritero es un eterno niño que no pierde con los años la capacidad de soñar y divertirse con cuanto objeto o juguete haya al alcance de sus manos. Procura desentrañar el misterio de su elaboración, armándolo y desarmándolo, le encuentra diferente utilidad a todas las cosas, pretende darle vida a lo inerte, en fin, no deja de buscarle a todo, algo más de lo que se ve, como si tuviera un tercer ojo.
Un titiritero puede darle vida a cualquier cosa, puede hacerse invisible permaneciendo visible, puede traspasar la barrera del tiempo, puede mostrarnos el mar sin escenografía, pueden mostrar varios personajes al mismo tiempo con solo tocar unos muñecos y aportarles su voz, puede remitirnos a un viaje fantástico montados sobre una hoja de papel.
Y del papel se trata su incursión última. Barroso viene de parir a «su primer hijo de papel». Lleva el nombre de «Eladia y Elina, brujas mellizas». Pesa 290 gramos y su talla es de 28,5 x 25 cm. Después de varios meses de gestación, vio la luz a través de Visionsiete Cooperativa Gráfica. La presentación en sociedad seguramente se irá sucediendo con el transcurrir del tiempo.
«En toda mi vida, mis pasiones han sido y siguen siendo la literatura, el teatro y el dibujo. En varias ocasiones he disfrutado a las tres por separado. En otras, unirlas era una utopía…¿Era una utopía? El placer por «devorar» libros con historias que atrapen estuvo en mí desde muy pequeña. Y la posibilidad de tener papel y lápiz siempre a mano para dibujar, también. Mi relación con el teatro comenzó en 1987, con el Taller Municipal de Santa Rosa y desde allí se ensambló todo: varias obras en escena, mis carreras docentes, el placer por descubrir al títere como un recurso didáctico y recreativo tan interesante, perfeccionamientos, capacitaciones, búsquedas, la narración, escribir obras de teatro con títeres», relató Silvina, introduciéndonos en ese mundo donde la imaginación y el toque mágico van de la mano.
Así se fueron sucediendo «Jacinterías» (2000), «Fafty Pronchi Fafty Krub» (2006), «¡¿Dale…que soy pirata?!» (2007), «Brujas mellizas» (2009), «Cuentos con títeres» (2010, 2011, 2012, 2013), «Vientos» (2012) e «Historias plumíferas» (2014). «Con el estreno de «Brujas mellizas» sentí que la puesta en escena impactaba: dos brujas, dos caminos distintos que se unían, imágenes con mucho color, dinamismo, conjuros…Por otro lado, la historia desnudaba un tema cotidiano, simple, pero a la vez complejo y que, generalmente, pasaba desapercibido: dos hermanas tan parecidas, tan iguales, que la gente no se molestaba en diferenciarlas como todas las personas: únicas y con personalidad propia…Y para no arriesgar, cuando las veían, apresuradamente les decían: «¿Vos quién sos, querida? ¿Eladia o Elina? ¿Elina o Eladia? Y terminaban con frases fáciles que resolvían momentos de incertidumbre: – Son las «mellis»…El punto clave fue la decisión de estas brujas mellizas por buscar alternativas para ser bien distintas, teniendo todas las herramientas a su alcance: pócimas, ungüentos, fórmulas, conjuros…Y, en esta búsqueda, vivieron una serie de aventuras con personajes que cambiaron sus vidas, de manera inesperada», agregó.
Fue entonces como nació la necesidad de plasmarlo en un libro. En palabras escritas. Poder trasladar a la lectura todas esas sensaciones que emanan de las narraciones a través de los títeres. «Por primera vez comencé a pensar en esta gestación: el libro. Fue mucho el tiempo en el que comencé a explorar, a zambullirme en la historia para poder volver a escribirla, de manera diferente pero sin perder la esencia. Escribir, dibujar, sentir, involucrarme, ver, rever, quitar, agregar, pulir, disfrutar, emocionarme, compartir…Así fue. No me alcanzan las palabras para agradecer a mi familia y a todas las personas que hicieron posible este nacimiento», concluyó Barroso.

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Autor

Raúl Bertone