Trovadora incansable, de una búsqueda constante que permita seguir alimentando su universo música. Artista misionera, de Oberá, pero afincada desde hace bastante tiempo en esta llanura pampeana que le sigue despertando sentires que transfiere a sus canciones. Esas mismas canciones que aparecen, como un ramillete florido de sensaciones varias, en su último disco llamado Lairalá. Una guitarra y la voz transfieren ese impulso creativo de Sylvia Zabzuk, el de la propia mirada, nutriéndose de esa búsqueda personal como mujer que reúne las vivencias propias del sendero que se transita.
«Estoy muy emocionada, Lairalá es un disco que tiene mucho trabajo y mucha profundidad, así fue trabajada cada letra y cada nota, faceta por faceta, punto por punto, acorde por acorde. Es el disco más personal y más propio que hice hasta ahora. Se fue gestando durante la pandemia, trabajé la guitarra y los arreglos con una artista y docente enorme como Cecilia Zabala, trabajé la voz con Roxana Amed, una talentosa cantante de jazz, me acompaña como siempre mi maestra Iris Guiñazú, y también estuvo el músico Mario Corradini, fue quien me ayudó a confeccionar y a dar los detalles de acabado a las canciones en la parte poética», contó Zabzuk, iniciando la charla con El Lobo Estepario.
Es el quinto trabajo discográfico de Zabzuk, tras la aparición de A su modo, De piedra y agua, El río bajo el río y Pequeños milagros. Ha llevado su canto a Rusia, Belarús, Estados Unidos, Cuba, Colombia y Brasil, forma parte del movimiento Mujertrova y del circuito Vamos andando. Además, produce y conduce el programa de radio Zabzukeando, y es también gestora de encuentros con colegas para que la música siga estando en al aire. Ha compartido escenarios con Teresa Parodi, Raúl Carnota, Carmen Guzmán, Rafael Amor, entre otros.
«Es un álbum de nueve canciones propias, todas las letras y todas las músicas son mías, excepto De infinitos días, cuya autoría pertenece al poeta platense Alejandro Jusim. Me encantó por la delicadeza y la poética con la que nombra esa fuerza original que tiene la mujer para transitar los días y para ponerse de pie en una época de autoafirmación de género, donde a veces pareciera se extrapola tanto que parece más de lo mismo. El nombrarla con poesía es realzar el ser más bello que propone lo femenino. Por eso elegí esa letra, y después la música salió sola», indicó Zabzuk.
El disco se grabó en el mítico Estudio del Nuevo Mundo, en Buenos Aires, perteneciente a Mario Sobrino, quien es además productor del álbum. «En estos tiempos tan paradigmáticos que estamos viviendo, de tanto cambio, es el primer álbum que sale en formato totalmente digital. El lanzamiento fue el 23 de agosto, y aquellas personas que deseen escucharlo, pueden encontrarlo en las plataformas YouTube y Spotify. Se agradecerá mucho que, si les gusta, lo compartan o den un like. Es muy importante para los artistas, puede significar un recupero monetario», agregó la artista.
De las estrellas: Una amiga me regaló hace mucho tiempo, mi carta astral. Fue como levantar el techo de la casa y sentir esa mirada, esa protección del cielo, esa conexión con la totalidad. Me di cuenta que no estoy sola, que todas las estrellas están conmigo Ellas influyen en mí y marcan el ritmo y el color de mi viaje. Son el mapa de esta travesía misteriosa que es la vida. Me di cuenta que todo tiene un propósito. Que soy como soy porque soy un pedacito de verdad de esa totalidad. No puede haber pecado, ni culpa. Solo asombro y audacia para atrevernos a esta aventura de ser.
Cuánto mar: El mar, ese límite, ese salto al infinito. Todo y nada a la vez. Plenitud y desasosiego. Reflejo del ser. Preguntas para tratar de comprender. Es un diálogo entre Sylvia niña y el ser que soy. La niña pregunta, mi ser responde. Las dos somas una. La melodía nació en un verano en Punta del Diablo, Uruguay, mirando esa inmensidad. En ese mar, todos los mares.
Una simple canción: Es una ironía total a ese momento en que la inspiración no aparece. En cambio sí aparece el ego con todas sus pretensiones de hacer la mejor canción, que cambie el mundo, una especie de «Super heroína» que limpie todos los males. Nada peor para que fluya la creatividad! La letra surgió a partir de un ejercicio para guitarra y fue la que permitió que aparecieran más canciones.
Zamba solar: Esta canción nació al comienzo de la pandemia, en esa especie de suspensión que vivió el planeta entero ante la presencia del virus del COVID 19. Tuve la clara sensación de que la vida es más grande que nosotros y nuestra pretensión de controlar las cosas. Ella nos lleva a donde necesitamos ir.
Los secretos del árbol: Al fondo del patio había un árbol de peras. Se alzaba ante un muro de cañas siempre verdes. Durante el otoño empezaba su transformación de verde a oro y era hermoso ver como su figura se despegaba del fondo, adquiriendo una luminosidad increíble. Y lentamente, a medida que avanzaba el invierno, las hojas iban desprendiéndose, embelleciendo el suelo, entregándose sin resistir, volviendo a la tierra en ese ciclo interminable de la vida. Este proceso me recuerda que la muerte no existe. Que volveremos una y mil veces, hasta aprender a vivir. Yo empiezo a transitar el otoño de mi vida. Voy soltando mis hojas, mis tesoros, entregando mi ofrenda a la tierra, volviendo lentamente a ella. Para regresar siempre en la canción.
Barro y flor: Conocí a Rosa y Carlos en Los Hornillos, Córdoba. Carlos amaba la música, había formado un Club de oyentes desde su programa «Parte del aire», así fue cómo conoció mi música y me llevó a participar de un ciclo. De ahí nos hicimos amigos. Falleció durante la pandemia. Carlos amaba a Rosa, con ese amor que dan los años: sereno, respetuoso, fresco a la vez. Desde el primer momento me impactó la sencillez con la que elegían vivir. El, ceramista, trabajaba las horas que necesitaba para cubrir los gastos de lo cotidiano, sin más pretensiones y ella, en su oficio de ama de casa, acompañaba su andar. En ellos, me vi. Vi mi complejidad y, a la vez, mi anhelo de acercarme más a lo simple y sencillo.
De infinitos días: Esta es la única canción del disco en «parcería» con el poeta Alejandro Jusim. Me encontré con este poema, «A la mujer trabajadora» en las redes sociales un día de la mujer, hace unos cuantos años. Le pedí permiso para vestirla con melodía, y la misma poesía me fue revelando su música. Son tiempos de reclamar justicia por la dignidad de la mujer y de todas las minorías que sufren discriminación en nuestro planeta. Me encantó el modo en que Alejandro celebra esa cualidad femenina de transformar el mundo. Alguien me dijo una vez que la canción es un milagro. Es ese instante en el que la palabra y la música dejan fuera algo de sí para unirse y ser canción. Ella hace uno lo que está dividido, con el sólo propósito de prenderse a tu corazón. Siempre me maravilló el poder magnético y transformador de la canción. Ese breve instante de música y palabras que se cuela en un corazón desprevenido y nos rescata, para hacernos sentir, viajar, rememorar, jugar. Y, de esa manera, conectarnos con lo mejor de nosotros mismos. Este es mi homenaje a ese universo pequeño y enorme que es la canción.
Mirar el corazón: En una meditación, hice el ejercicio de estar en presencia de mi propio corazón. Qué cerca y qué lejos a la vez! Tanto andar en la cabeza y «de la cabeza» para darme cuenta que allí está el centro, allí mi casa. Desde allí intento resignificar cada mirada, cada escucha, cada sentir de mi piel.
Foto de portada: Dante Azcaíno.