El museo es un recuso útil para mostrar ideas, conocimientos, conceptos y situaciones que puedan ser escuchados o conocidos, comprendidos, confrontados, valorados, reivindicados. Los museos son espacios educativos importantes. Cada vez más se piensa en estas instituciones como recurso didáctico, como apoyo para la formación y la promoción culturales, y como espacio que se suma sinérgicamente a una amplia red en la que tienen lugar los aprendizajes, entendiendo por aprendizaje un proceso complejo y permanente, una experiencia acumulativa y de carácter individual.
El Museo «Patria Chica de Mohamed Díaz», en la localidad de Realicó, cumplió 45 años de vida. La exposición en sí misma es un medio de comunicación, y puede ser escenario y recurso de aprendizaje. «Patria Chica», como tantos otros en el interior pampeano, ofrece una realidad propia y multifacética. Fue concebido como espacio para ser mirado y vivido; en él se valora la posibilidad de que el público sea el que interprete y se relacione de diversas maneras con lo que se expone, que construya de manera propia sus sentidos, convirtiendo al museo en una especie de proveedor de insumos y generador de estímulos diversos: evocaciones, emociones y experiencias a partir de las cuales cada persona puede aprender.
Díaz escribió en la primera página del libro de visitas que «Patria Chica» nacía «inspirado en lo cultural y en lo histórico, buscando el conocimiento del pasado para nuestros hijos y las nuevas generaciones y así poder mostrar pedazos de la historia de nuestra Patria Grande». Entre otras piezas se expusieron en ese momento una colección de monedas (las primeras acuñadas en 1813 y hasta 300 años AC), restos de gliptodonte, peces fosilizados, puntas de flecha y boleadoras, como también el escudo de la Comisión de Fomento de Realicó, un tornillo de 50 kg donde se asentaba una de las máquinas del antiguo Molino Werner y una carta de Rosas a Ramírez, pidiendo autorización para emprender “una justa guerra contra el Gral. Santa Cruz” en el Alto Perú.
«Patria Chica» ha sido declarado de interés municipal y provincial, y en 1987 el museo fue distinguido por el Ministerio de Educación y Justicia de la Nación, que lo incluyó en la Guía de Museos de la Argentina. En 1988, ante la gran cantidad de piezas atesoradas, se inauguró una segunda sala, mucho más grande, denominada «Don Ernesto», como homenaje al padre de Mohamed. La querida salita de 1970 recibió el nombre de «Don Luis», en honor al papá de su esposa Virginia (Pequi). Esta se conforma en su mayoría de armas blancas y de fuego, una colección de mates de plata y rarezas marinas, además de un sector que muestra objetos personales y fotografías del hacedor de este espacio. En cuanto a la sala «Don Ernesto», allí se conserva la sección de taxidermia, antigüedades, arqueología, paleontología, documentos históricos, rarezas y billetes del mundo. Mohamed Díaz falleció el 20 de marzo de 2002. Todo su legado está para ser recorrido y observado en el reducto ubicado en la calle Gobernador Centeno Nº 1566.
Espacio para ser mirado y vivido
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