En la primera entrega, varios meses atrás, de esta pequeña sección titulada «La inscripción en el frontispicio», definimos siempre de acuerdo a nuestros obtuso criterio, que las dedicatorias si bien no tienen demasiadas reglas propias (apenas se cuenta el agasajo), sí poseen una estética particular. Recuerdan en cierto sentido a las inscripciones de las lápidas, y aquélla famosa Antología de Spoon River, donde Edgar Lee Masters cuenta mediante epitafios el pasado de un pueblo con presente bajo tierra. Pero a excepción de este caso altisonante, los epitafios así como las dedicatorias no pueden hacer vivir un libro por sí mismo, estas últimas son más bien como porteros de librea, la invitación a pasar. Son la inscripción del frontispicio que separa a este mundo seco del reino de las posibilidades.
En esta ocasión repetimos una perla de Camilo Cela. También habíamos publicado la frase original de «La familia de Pascual Duarte», donde muy sagaz escribía: «Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera.» La fecha correspondía a la edición de 1973. Mucho más tarde y con motivo de la Feria del Libro de Madrid de 1995, ABC Cultural invitó a una veintena de autores a realizar una dedicatoria y allí apareció otra vieja joya de Cela, hasta entonces escondida:
«A los mozos del reemplazo del 37, todos perdedores de algo: de la vida, de la libertad, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia. Y no a los aventureros foráneos, fascistas y marxistas que se hartaron de matar españoles, como conejos y a quienes nadie había dado vela en nuestro propio entierro.» (San Camilo 1936)