Lucía Castelli fue otra de las escritoras participantes de la jornada del sábado que, bajo la organización de Olga Reinoso pusieron el «Grito de mujer» alto en el cielo. Trasuntamos el texto de Lucía.
Igual que ayer
Este madero añoso, resistente,
guarda entre cicatrices y remiendos
las huellas de unas manos incansables
sobreviviendo al tiempo.
Ella solía hundirlo en los fuentones
quebrando los cristales del invierno
y empezaba otra vez con la rutina
para ganarse el bíblico pan nuestro.
Con las manos nudosas, laceradas,
apoyaba la ropa en el madero
y al vaivén del jabón oscuro y tosco
la espuma iba enredándose en los dedos.
Agitando los brazos ateridos
sacudía en la tabla las miserias.
Algún rayo de sol de tanto en tanto
en el fuentón dejaba su tibieza.
Me pregunto en qué rama de qué árbol
templada por los soles y los vientos
la tabla que heredé tuvo su origen,
tal vez entre murmullos de jilgueros.
Hoy sigue consecuente en mi cocina
inconmovible a todos los inventos.
Sobre ella renuevo los rituales
también herencia de aquel tiempo viejo.
Todavía recorro con mis manos
sus catorce ranuras. Allí encuentro
el jabón que en vaivenes la acaricia
igual que ayer, espuma entre los dedos,
un fuentón con escarcha, cuatro niños,
y a mi madre tan frágil, resistiendo.