La sed del aljibe: Poética de la fragilidad
En este texto inédito, la palabra se vuelve un refugio ante lo inesperado. El autor nos conduce por un sendero donde el amor no es una certeza cómoda, sino un interrogante que duele: ¿es para pocos?, ¿es el llanto de una madre?, ¿es una paz que se ciñe a un nombre? Entre la neblina y el acecho de los colmillos, la poesía emerge como la única rebelión posible ante la fugacidad de la existencia.
Por Dardo Cuellar
A veces se resbala,
solo pasa, sin siquiera verlo.
Un ataque inesperado
de una jauría,
mostrando colmillos babeantes
que salen de una esquina cualquiera.
¿Dónde ocultarse?
El día decide
si respiras
o ves la oscura silueta del espanto.
Somos frágiles.
¿Cómo se dice “amor”?
¿Qué dice?
¿Se tiene, se siente
o es solo para pocos?
La más pura de las aguas,
mi manantial que se escapa.
¿Pero cuál amor?
¿El de una madre
que llora por la vida de su hijo,
pendiente de un hilo?
Y sin embargo,
mi paz se ciñe a tu nombre.
Mi rebelión:
una manada de lobos
desgarrando la carne.
Hoy, la neblina del sendero
acompaña mi andar.
Con mis dedos
acaricio tu fugacidad;
al ritmo del viento,
bailan los yuyos del campo
a la tenue brisa de este existir.
Y yo, como aljibe,
rescatado de tus brazos,
guardo el silencio
de las piedras sedientas.