«Mucho se ha dicho ya, en este tiempo que nos toca. No diré nada nuevo pero pienso mucho en el silencio y la distancia, especialmente en estos días; la distancia social y la otra, esa que nos hace mirar hacia adentro, la que se acorta, la que nos acerca a nosotros mismos. Hace rato que no estaba “tan conmigo”. Y el miedo aparece de vez en cuando, aún con la panza llena, con el trabajo que es diferente pero nunca tambaleó, o con los afectos de cerca y de lejos, todos bien cuidados. Al principio no hubo lugar en la cabeza para escribir, quizá sí para leer o releer, corregir. Desde que se pudo salir un poco más camino bastante. Con la caminata se acrecentó mi obsesión por la luz y su propósito de transformarlo todo, entonces, despejando las sombras, con el aire y el frío llegó algún poema. Superadas las demoras imprevistas, también llegó el nuevo libro que estaba en la editorial desde los primeros días de marzo. “Hay tantas maneras de no ser”, dice la canción, y “La que no soy” irrumpe y me sacude como si recién fuese escrito. Este tiempo nos obliga a ser de una manera que no conocíamos. A ser con el otro sin tocarlo, a reconocerlo por los ojos, a imaginar la sonrisa detrás de la tela. No me gusta. Tantas cosas cambiaron, no solo las costumbres, las rutinas, la forma de comunicarnos. Los rituales también cambiaron. Ayer se fue la tía Amelia, para siempre. “No la pude despedir”, dijo mi madre, “se fue solita”, también dijo. Y el ritual de la muerte dejó solos también a los que se quedan, sin poder abrazar, ni consolar, ni consolarse. No me gusta este tiempo así. Hay tantas maneras de no ser. No sé qué pasará, no sé qué haremos, qué hará la gente en la esquina, o en el mundo. No sé».
Laura Carnovale
Nació en Santa Rosa el 26 de mayo de 1973. Estudió Profesorado de Nivel Inicial en la Universidad Nacional de La Pampa. Fue becaria del Fondo Nacional de las Artes para una capacitación en poesía con Irene Gruss (2013). Tiene publicados tres libros: Tengo un cielo en la cocina (2015) y Piedras verdes (2017), ambos en Editorial Ruinas Circulares, y La que no soy, de Griselda García Editora (2020). Obtuvo el primer premio en el certamen Con voz propia, de Editorial Sietesellos y Editorial de la UNLPam (2017). Un poema suyo, ilustrado por la artista plástica Valeria Quiroga, obtuvo el segundo premio en la Convocatoria de Poema Ilustrado, de la Subsecretaría de Cultura de La Pampa (2018). Actualmente trabaja como docente e integra el Grupo de Escritores Piquenses (GEP).

Otra vez el miedo
se apoya sobre los hombros y los pies
se balancea como la abeja sobre la flor de lavanda
va vuelve
se impone hasta quitarle el aliento
qué de la savia
qué de la savia reducida en lo inmóvil.
De La que no soy (2020)
Se diluye
quiere permanecer, sola
como el saquito de té
suspendido en la taza
hasta que el agua lo lleve.
De La que no soy (2020).

Tengo un puñado de piedras verdes en mi mano.
Recuerdo beber del arroyo
siete tragos,
siete sorbos pidiendo al agua
que me revele el secreto de lo no dicho.
Tengo un puñado de piedras en mi mano,
piedras entre las piedras
que me miraron desde el fondo.
Y yo, que no sé mirar.
Corriente silenciosa que no dice y dice.
Piedras verdes
para buscar
el otro nombre de las cosas.
De Piedras verdes (2017)
No voy a llamar rocío al rocío,
a esa gota que se desprende del filo de la chapa
y moja
el último cigarrillo del día.
Hay veces,
ciertas veces
que la belleza pierde
la propiedad de las palabras.
De Piedras verdes (2017)

día 1
No soy de ninguna parte.
Mi patria es el espacio que construyo
entre domingo y domingo
entre el mate y la noche.
Tengo orfandad de vuelo
y devoción por las ventanas.
No soy de ninguna parte.
Vengo del vientre y del deseo.
Mi infancia tiene el mismo olor a laurel
que cualquier infancia
el mismo sol
el mismo barro.
Algunas veces la niña llora
en el vértice opaco de la tarde.
De vez en cuando quiere salir.
De vez en cuando no quiere.
Otras veces el cielo se mete en la cocina,
entonces mi casa también es un lugar
suspendido
en ninguna
parte.
De Tengo un cielo en la cocina (2015)
día 2
Abre las ventanas y pone a andar la casa.
Ceba un mate
otro,
otro.
Ceba uno más
y ceba otro,
y se va ella
escurriendo sobre la mesada
entre los platos de la noche
mientras se pregunta
y se contesta
¿Por qué las casas tienen ventanas?
Porque las casas miran desde adentro.
De Tengo un cielo en la cocina (2015)
Fotografía de portada: Iván Olguín.