Otro desafío que expuso refinamiento interpretativo y afinidad musical

Cada vez que se produce el reencuentro en un escenario, queda expuesto un perfecto equilibrio producido por la calidad interpretativa del dueto. La soprano Gladys Martino y el pianista Alejandro Graziani se conocieron en el Camping de Música de cámara realizado en Bariloche en 1991, dictado por el eximio Guillermo Opitz. En esa ocasión estrenaron como bis un aria argentina, Cual nace hermosa flor,  perteneciente a la ópera Chaquira Lieu (1879), de Miguel Rojas. A partir de ese momento, se fueron sucediendo posibilidades que permitieron cimentar ese vínculo musical que había quedado gestado cuando coincidieron en la bella ciudad rionegrina.

No han sido pocas las ocasiones que Martino y Graziani salieron al ruedo juntos, en el país y en el exterior. Algunas semanas atrás compartieron dos reuniones líricas, una en la ciudad de Santa Rosa, donde reside la soprano desde hace mucho tiempo, y la restante en Alta Gracia, Córdoba. En ambas ocasiones, el programa comprendió obras de los españoles Manuel de Falla, Manuel Millán de las Heras, José Serrano, Manuel García, Francisco de la Torre y Gerónimo Giménez. Pero también fueron protagonistas del estreno mundial del tango Para H, pieza del compositor argentino Guillermo Silveira sobre un poema de Edith Hebe Scarponi.

La primera vez en sociedad tuvo lugar en Medasur, de la capital pampeana, el 29 de septiembre. Allí, el dúo sacó a relucir su talento musical, reunido en esa química existente a la hora de afrontar distintos desafíos, explorando variedad de estilos. «Con Graziani se puede cantar con total libertad y seguridad, es un gran músico, diría un perfecto partenaire que sabe respirar con el cantante», había señalado cierta vez Martino en ocasión de una entrevista con El Lobo Estepario.

Y en Para H, esa simbiosis fue ratificada por una cantante que mantiene una permanente disciplina, sumada a muchos años de estudio y una buena técnica vocal, y por un afiatado pianista, nacido en Buenos Aires y radicado desde hace más de 25 años en Alemania, que deja expresado el pleno dominio que ejerce a su instrumento. Así, con el compromiso asumido de un nuevo estreno para su recorrido por la escena, volvieron a vivir una hermosa experiencia musical.

Guillermo Silveira

Compositor, concertista de piano, poeta, maestro y activista por la paz. Su obra refleja influencias panamericanas desde los escritores de tango hasta algunos de los compositores modernos más conocidos de Estados Unidos. Las composiciones de Silveira incluyen sinfonías, música de cámara, ópera, bandas sonoras de películas y arte multicultural/multimedia. Sus obras se han presentado en todo el mundo, en lugares que van desde las Naciones Unidas hasta el Teatro Nacional, la Institución Smithsonian, varias embajadas en Washington DC -ciudad en la que vive desde 1984-, y destacados museos y escuelas en Buenos Aires y Sevilla. Ha recibido encargos de patrocinadores individuales y diversas organizaciones, y su trabajo ha sido reseñado en The Washington Post, The Washington Times, City Paper y otras publicaciones. Obtuvo premios del National Endowment for the Arts y otras organizaciones culturales. Sus obras han sido interpretadas por la Orquesta Sinfónica Nacional Argentina, Orquesta de la Universidad Católica, Orquesta Juvenil de Virginia, Musicamaramericana y Skies of Washington. Silveira escribe en una amplia gama de géneros musicales, desde la cantata hasta la ópera y el musical, desde instrumentos musicales primitivos y sonidos concretos hasta música electrónica por computadora, para instrumentos solistas y sinfonías. Sus principales composiciones incluyen el concierto para piano Argentina Fantastica; ópera de cámara Por favor, llámame…Jackie; MetroOpera; bandas sonoras de Habeas Corpus (1986) de Jorge Acha, Standard (1989) y Thalassa, (2017); Música en el Arte de Salvador Dalí (2019); y Animales en peligro de extinción (2020). Se hace referencia a su obra en Latin American Classical Composers: A Biographical Dictionary. Su padre, Eduardo, fue un renombrado pianista que se presentó en escenarios nacionales e internacionales, incluido el histórico Café Tortoni. La madre de Guillermo era diseñadora de moda para las élites argentinas y estrellas de cine. En Argentina estudió con el compositor y pianista Roberto Caamaño, el compositor Gerardo Gandini y el violinista Ljerko Spiller. Viajó a Estados Unidos con una beca de la OEA para la Universidad Católica de América, recibió tutoría, asesoramiento y reseñas de sus composiciones de los compositores de vanguardia estadounidenses John Cage, George Crumb y Leonard Bernstein. También estudió con el etnomusicólogo, compositor y alumno de Stravinski, Robert M. Stevenson. El trabajo posterior de Silveira explora temas de humanismo y misticismo inspirados en parte por las influencias de la infancia, incluido el poeta Jorge Luis Borges. Durante la pandemia, Silveira ha organizado conferencias y presentaciones en línea interdisciplinarias y temáticas que presentan su trabajo y el de otros artistas, financiado en parte por un premio de la organización MusiCare de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación.Las composiciones de Silveira han sido descritas como “libros sonoros posmodernos” con “paisajes líricos complejos”.

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Autor

Raúl Bertone