Quimérika, o el pulso de una nueva era entre el himno y la vanguardia

A las puertas de su concierto en el Auditorio Médano, exploramos la anatomía de una banda que ha logrado lo que pocos en la escena regional: amalgamar la nostalgia de los gigantes del siglo XX con una voz propia, eléctrica y necesaria.

En la geografía musical de La Pampa, el nombre de Quimérika ha dejado de ser una promesa para convertirse en un fenómeno de estudio. No se trata simplemente de una banda de versiones o de un ensamble de rock convencional; es un artefacto cultural que opera sobre la memoria colectiva, rescatando la arquitectura sonora de los años 80 para inyectarle una urgencia contemporánea.

La génesis: El encuentro de dos mundos

La columna vertebral de Quimérika sostiene una tensión creativa fascinante. Por un lado, la presencia de Abigail Andrioni, cuya transición del saxo tenor al bajo eléctrico —y de las peñas folclóricas al panteón del rock— le otorga al grupo una profundidad emocional poco común. Andrioni no solo canta; interpreta desde una raíz que roza el soul y el blues, dotando a clásicos de Amy Winehouse o Etta James de una nueva vida bajo el tamiz del rock pampeano.

Por otro lado, la visión de Néstor Bessoni (guitarra líder y voz), artífice de la convocatoria, quien supo leer en la «impericia» inicial de una bajista con apenas cuatro meses de estudio una potencia rítmica genuina. «El bajo fue mi escudo», confiesa Abigail, y es en esa trinchera de cuatro cuerdas donde la banda encuentra su «tierra», el ancla necesaria para que las voces vuelen sin el lastre del pánico escénico.

El repertorio: Una curaduría de la memoria

Entrar a un ensayo de Quimérika es asistir a una clase magistral de historia del rock. Su repertorio no es aleatorio; es una curaduría de himnos que definieron la alta fidelidad del siglo pasado. Desde la complejidad armónica de Queen hasta las atmósferas progresivas de Pink Floyd, pasando por la precisión técnica de Toto.

Sin embargo, el verdadero valor de la banda reside en cómo logran «romper» el canon. Al interpretar piezas como Black Velvet o Alone, el grupo no busca la mímesis estéril, sino la apropiación. Hay un respeto reverencial por la estructura, pero una libertad absoluta en la ejecución emocional. «El rock de los 80 tiene mucho amor; incluso cuando están gritando, están gritando libertad», señala la banda, subrayando una filosofía donde la música es, ante todo, una herramienta sentimental.

La expansión: Del cover al manifiesto propio

El concierto del próximo 18 de abril en el Auditorio Médano marcará un punto de inflexión. Si bien los clásicos nacionales e internacionales serán el vehículo, el destino final son sus temas propios. En un mercado saturado de contenido viral y efímero, Quimérika apuesta por la «intensidad y la actualidad». Sus composiciones originales buscan recuperar la lírica comprometida, esa que interpela al oyente más allá del ritmo.

La puesta en escena promete estar a la altura de la ambición sonora. Con un despliegue de pantallas, luces y una escenografía inmersiva, el show se aleja del formato convencional de «recital» para entrar en la categoría de experiencia multisensorial. Es la respuesta de una banda que entiende que, en 2026, el rock debe ser tanto un impacto auditivo como una narrativa visual.

La resistencia del directo

En tiempos de algoritmos, Quimérika reivindica el sudor del escenario y la vibración del amplificador. La banda, completada por músicos con solidez técnica, se presenta como un grupo que encuentra su plenitud en el aplauso directo.

Alguna vez Néstor Bessoni lo soñó al reunir la banda, pero el crecimiento acelerado los trae nuevamente a Médano con un show más completo y quizás impensado poco tiempo atrás. Esa ambición, lejos de ser soberbia, es el motor de un grupo que sabe que tiene algo importante que decir. El 18 de abril, el Médano no será solo un auditorio; será el laboratorio donde Quimérika demostrará que el rock, cuando tiene identidad, es una quimera que se vuelve realidad.

Cita Obligada:

  • Evento: Quimérika en concierto.
  • Lugar: Auditorio Médano, General Pico.
  • Fecha: Sábado 18 de abril.
  • Entradas: G&O Telefonía, Mostacho y Planetaentrada.com.
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Autor

Eduardo Senac