Hace días cuelga en el pasillo de entrada de Médano la Muestra «Sueños en el cálido grano de la fotografía analógica», de los fotógrafos Matías Prietto y Flor Santillán. Y de esas imágenes cuelga a su vez la sorpresa y la duda. Sorpresa porque Matías Prietto tiene 23 años, y Florencia Santillán 17. Y duda porque estos chicos están exponiendo fotografía analógica, es decir el anverso de toda suposición, encendiendo nuevamente el viejo debate de la fotografía digital versus la analógica.
Pero debates aparte, quizás lo que cuente sea la capacidad y el interés por la experimentación, tal es el caso de Matías, que lleva el curioso título (curioso título para esta época) de “fotógrafo analógico de General Pico”, y a quien le encanta todo tipo de películas, “desde instantáneas hasta de formato medio, pero sobre todo estoy más acostumbrado al 35mm –nos dice-. Actualmente estoy experimentando con rollos de distintas marcas. Unos de los experimentos qué hice fue RedScale”, agrega Matías en alusión a la antigua técnica que permite escanear el negativo y fotografiarlo sobre pantalla de luz. Este dato cuenta y mucho para comprender el anacronismo del que estamos hablando, de hecho “perdí rollos en las casas fotográficas porque no entendían lo que era RedScale, sin embargo eso no me impidió seguir experimentando hasta que pude hacer que entendieran. Me gustaría mucho poder revelar mis fotos y poder experimentar más, pero en mi ciudad se hace difícil poder hacerlo”, nos aclara Matías haciendo clara referencia a las dificultades que se presentan a cada paso por utilizar cámaras de rollo, para decirlo coloquialmente, esa tecnología que fue ampliamente superada por la digital en varios aspectos, sobre todo en las posibilidades que les da a los usuarios comunes. Tan superada que está al borde de la extinción: “pude acceder a rollos vencidos y las fotos reveladas han salido de colores mágicos se podría decir. Siempre busco experimentar y me informo, paso muchas horas atrás de la computadora leyendo sobre lo analógico, es que me fascina mucho el mundo analógico”, declara el expositor que aún tiene sus trabajos a la vista de todo aquél que camine el hall de entrada de Médano, y añade sobre sus gustos personales que le ayudan a formarse: “admiro a Miroslav Tichy, muchísimo. Él fue un fotógrafo analógico de culto de los años 60 al 85 donde tomaba miles de fotos a escondidas a mujeres de su pueblo natal en Kyjov. Utilizaba cámaras caseras hechas por él mismo y las revelaba en su propia casa creando además rústicos marcos para sus imágenes. Sus fotografías eran únicas y la mayor parte fueron destruidas por él mismo. Fue reconocido como fotógrafo recién en 2004. El cine me inspira también, como la música, y a veces siento cuando saco una foto que me recuerda a tal canción o a tal película. Lo que más me gusta de fotografiar personas es la espontaneidad, los gestos que son naturales, no me gusta para nada las cosas armadas o las producciones, por eso siempre me gusta trabajar con la luz ambiente, la luz del sol.”
“Lo único que juega es la mirada”
Y a falta de una sorpresa, tenemos dos. Su nombre es Florencia Santillán Crespo, de apenas 17 años, residente en Santa Rosa, y con el mismo empuje por la experimentación que Matías, y con los mismos problemas de Matías para desarrollar su arte con este tipo de cámaras.
A decir verdad, este asunto de la sorpresa se entiende por la corta edad y el uso de tecnología en desuso. Pero no es sorpresa, en cambio, el poder que tienen los ojos de estos chicos. “A los 8 años empecé pintando cuadros al óleo pero siempre me llamó la atención la fotografía. A los 14 hice el primer curso con Picnic Fotográfico y luego dos más en la Escuela de Fotografía de Javier Martín. Hace dos años que empecé a hacer fotografía analógica, esto me abrió para empezar a experimentar y a tener una mayor valoración de la foto”, explica Florencia a modo de ratificación de esa fuerza que cursa por sus venas.
“Es increíble la naturaleza del film y lo que se puede lograr con ella sin tener que luego manipular la foto con PS. Pienso que no todo se tiene que basar en las reglas de la fotografía para que esta misma sea bonita, que no es necesario que sea compleja, que puede transmitir más siendo simple, que no importa el equipo o si tenés uno o un montón de lentes o flashes. Para mí, lo único que juega es la mirada. Con la fotografía encuentro comodidad y un medio en el que puedo comunicarme. Me gusta la luz natural, los tonos suaves y la simpleza”, detalla Florencia para que ya no quede ningún tipo de dudas.
Ya todo queda esclarecido, tanto en el caso de Matías como el de Florencia. No se trata al fin y al cabo de una rivalidad tecnológica, y ya no importa que a las bondades de las cámaras digitales antedichas antepongamos cierta magia que conservan las analógicas, sobre todo al momento de revelar, cuando se presiente y se toca el alma de la foto. Lo que cuenta es la creatividad, y defendemos la creatividad y a quien obtenga buenos resultados aunque sea con un leño quemado sobre una pared de cueva.