Plasmando y tallando desde el corazón. La artista pampeana Gabriela López continúa con su hábil manejo de una superficie muy noble como la madera, material que la viene convocando para, a través de sus esculturas, imágenes que son pura sensibilidad, cobrar una segunda vida. Ralph Waldo Emerson escribió que “la escultura y la pintura tienen el efecto de enseñarnos modales y suprimir la prisa”, y en sus obras, López plasma sensaciones y expresividades que vuelven vulnerable el material rígido.
La escultora nacida en General Pico participó días atrás en una nueva edición del Simposio de tallado en madera de Brienz (Woodcarving Symposium Brienz), que se viene realizando desde la década del ’80 en ese bello pueblo de Suiza, organizado por una tradicional y prestigiosa Escuela de tallado en madera, fundada en 1884. Este año hubo un total de 71 solicitudes provenientes de 27 países, un nuevo récord, y entre ellas estuvo la enviada por López, quien terminó siendo una de las seleccionadas por el comité organizador, recibiendo la invitación para mostrar su trabajo en un ámbito tan importante para los cultores del tallado en madera. Es que Brienz tiene una historia increíble. Comenzó como una necesidad para sobrevivir a la hambruna de 1816 y se convirtió en un oficio de renombre.


«Cuando me enteré de la convocatoria, mandé un proyecto, lo aceptaron y así pude decir presente. El simposio fue organizado por una escuela de talladores de madera muy antigua y tradicional. Fue algo increíble, estuvimos trabajando durante cinco días a orillas de un lago, ahí todo es muy profesional, se encuentran varios museos. En la escuela son cuatro años de aprendizaje del tallado de la madera. Participamos más de veinte escultores y escultoras de todo el mundo, y en lo que respecta a mi obra, trabajé en una escultura en tilo, de entre dos y dos metros cincuenta de alto. La misma quedó en Suiza, y luego estuve unos días en Italia, sumando conocimientos y práctica en todo el proceso de fundición de bronce, como los originales y el molde, para unas obras pequeñas mías», contó Gabriela, consultada por El Lobo Estepario.
El proyecto de López se llamó Pequeña del mundo, una obra que trata de retratar a niños que se ven obligados a dejar su lugar de origen para comenzar una nueva vida. El viento representa el destino que les trae, la maleta lo que traen consigo de su país, los pies descalzos la vulnerabilidad que sienten. En el simposio participaron, además, Abdulkadir Hocaoglu y Claudia Zanaga (Italia), Bahman Chegeni (Irán), Daniel Züsli, Gina Sommer, Philipp Dräyer, Robin Tacke, Anna von Bergen, Lukas Püntener, Markus Flück y Rolf Blöchlinger (Suiza), Esther Seguin y Vincent Tétu (Francia), Jessica Cheng y Laura Guzmán Méndez (Costa Rica), Jörg Herz y Peter Ripka (Alemania), Dilyan Angelov y Kristiyan Dimitrov (Bulgaria).


