En toda creación hay un cableado de estímulos

Piezas distribuidas son suficientes para comprobar cómo en el arte se puede llegar a un mismo fin a través de caminos distintos. La escultura se reduce a la esencia. Por eso no hay nada accesorio. La idea y la forma se simplifican. Además de atravesar la visión, la escultura se torna accesible a través del cuerpo y del movimiento. Y en Escultura Pampeana Capítulo IV, muestra que permanecerá abierta al público en MEdANo hasta el 25 de septiembre, se destaca la fuerza del material. Las piquenses Bibiana Tittarelli, Mariela Maisterrena y Silvina Mango fueron parte, convivieron con ese proceso de creación artística donde la esencia es el hecho de ser justamente engendrada desde algo del orden de lo inefable. Chapa, bronce, hierro oxidado, texturas ferrosas que vuelven a tener protagonismo y se integran al nuevo contexto; arcilla, arena o cérámica. Cada material tiene su lenguaje. Intervenir en ellos hasta lograr las formas. Abordando su construcción. Son las obras y su alma que se proyecta a través de sus sombras como materia e imagen en un juego que enriquece las vivencias de cada día.

Bibiana Tittarelli: «Estoy exponiendo tres esculturas en hierro y chapa batida, y la técnica utilizada fue trabajar el hierro, doblegarlo, llegar hasta el fondo de su corazón, como también la chapa, de una manera que le de cierta sensación de liviandad, por eso la idea de los aros que cuelgan, como si flotaran en el aire. Poder generar con el metal algo liviano, un barco que tiene una gran vela, que hace que uno sienta que se desplaza. Soy docente en primaria y también en el nivel secundario, por lo que la temática que desarrollo tiene que ver con la niñez y con la adolescencia, que son los momentos con los que más trabajo. Puedo ver esos mundos en su máxima expresión, ver como encajan en esta sociedad que va tan rápido, que es tan materialista y que no deja de ser tan vertiginosa para ellos. Desarrollo entonces los desencuentros del adolescente con el adulto y como la niñez queda prendada del tiempo de los adultos, y va flotando hacia un espacio totalmente poblado por ellos, donde cada vez les cuesta más poder ser. En síntesis, mis trabajos tienen como una estructura bien pesada pero trato de alivianarlo desde el gesto. Tal vez como un deseo finito de suspender de alguna manera el peso y el paso del tiempo. Trabajar el metal conlleva bastante energía, algo que me apasiona es cuando el metal tiene una rigidez, aporta una resistencia, y en un momento se vuelve tan maleable y tan manipulable como el papel».

Silvina Mango: «Mi obra se titula El viaje, consiste en tres esculturas de pequeño formato realizadas con arcilla, arena, limaduras de hierro y bronce para dar texturas, y el acabado final está realizado con pátinas de óxido de hierro y de cobre. Fueron hechas durante mi último año del Profesorado de Artes Visuales, y elegí como tema la crisis inmigratoria europea teniendo en cuenta lo que está viviendo el Viejo Continente desde la Segunda Guerra Mundial, y la ola de refugiados que viaja hacia otros continentes en búsqueda de asilo, pensando en sus sueños que tropiezan con fronteras cerradas y tratos inhumanos. La motivación que me llevó a abordar esta temática está vinculada con un interés personal ya que soy descendiente de inmigrantes italianos, y a su vez por mi manera de ver las desigualdades que existen entre los seres humanos como consecuencia de la globalización. Las esculturas representan escenas de personas viajando en balsa, barco y tren de carga, que dan cuenta cómo los refugiados viajan de la manera que sea para salvar sus vidas aunque no sepan exactamente cual será su destino final. A través de estas pequeñas esculturas pretendo recuperar la idea de dignidad humana proponiendo al espectador ponerse en el lugar de ese otro, invitándolos a reflexionar acerca del ser humano, de su significado y a su vez interpelándolos acerca de la comprensión y la sensibilidad hacia el prójimo».

Mariela Maisterrena: «Expongo la serie Llankatu Pechu, donde utilicé cerámica, gres coloreado de 1108°, metal y alpaca batida. Son siete cuerpos cerámicos, formas simples, puras, que sostienen pecheras, joyas antiguas. Cuentas de gres coloreado con cencerros o campanillas de alpaca. El pectoral es una joya del ajuar ornamental de las mujeres mapuches, post conquista, ya que se realizaba con cuentas de vidrio veneciano, enhebradas en una trama o malla atravesada por el espacio. Siete joyas, siete mujeres de pueblos originarios. Personajes de ficción que se cruzan con representantes y difusoras de la cultura de los pueblos del sur, con guías espirituales de su gente. Presencia del pasado en el ahora. Uchaimañe, Dorotea Bazán, Ermelinda Painequeo, Aimé Painé, Aurora, Cristina Josefa Rosas, Lucía Kaniwara. Siete mujeres, distintas, determinantes. Siete historias».

Compartir

Autor

Raúl Bertone