Tres poesías de Dardo Cuellar

Es mi voz que retumba

contra el pecho,

atada al suelo que piso.

El silencio tiene zumbidos,

como el techo

que era cielo.

Ese que vi.

Nadie más mirara con tus ojos.

La nube se hizo noche

y la noche trajo caras extrañas

acechando mi lecho.

No lo digo como queja,

cada uno escudriña su laberinto

y no hay a quien gritar.

Desandar los pasos

es la forma de respirar.

Todo lleva dolor y tiempo.

Cargan la risa y el llanto

el mismo clamor.

Nacen y brotan

de la misma piedra,

que de tanta opresión

transmuta en cristal

y refleja,

el brillo del sol.

Cada vez que te vi

¿Te vi?

¿O qué vi?

Hasta dónde se puede llegar

si el suelo sigue siendo

el mismo

en cualquier refugio.

¿Para qué jugar a ser feliz

como un necio?

Tal vez se necesita una voz que presagie un camino.

O tendré que matar a un gorrión sin ningún motivo,

para decir que he sobrevivido a su destino.

La lluvia trae un mensaje

¿Quién lo pude entender?

Repican las gotas en el techo

como gritando algo,

que no sé qué es.

Llora el cielo

como un gemido de alguien

que se despierta con las alas mojadas.

Inhalo y es la vida.

Aunque truncado el pensamiento.

El cuerpo pulsiona

Y me dice:

¡Aquí, con el corazón del gorrión vivificado!

Brota a borbotones su sangre

Manchando los dinteles.

¿Cuándo llega eso que espero?

Toda la vida apagué

los sueños.

Cerré los ojos,

me tape los oídos,

apreté los labios

 para no gritar.

¿Dónde está, eso que prometió?

¡No existe mar alguno!

Me mintió.

Me mentí.

Y les miento hoy.

El hombre dijo:

Lo que se espera

se recibirá.

Solo hallé pánico

y arena del olvido.

Pero busco y escarbo

con todo mi cuerpo.

Y solo queda sal.

El mar se fue

y vive otra vida.

Debajo queda la presencia

en la bruma somnolienta,

en esas siestas sin sombras,

donde el dolor de muchos

derramados en salitrales

traspasa mis manos,

y pone palabras

y hace vibrar mi voz.

¿Quién soy?

¿Qué hago aquí,

inmerso en este bastó sentir?

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