Un ángel de humo y frío

Una poesía de Dardo Cuellar.

Cada célula de mi cuerpo

vibra para soportar

el pensamiento.

Por eso corro al costado del tren.

Es todo mi ser,

y su ilusión de subir.

Estiro las manos

con garras de sal

y ojos de cristales rotos.

Siento la saliva herida

del ángel que eligió seguirme.

Veo envejecer pañuelos errantes

en perdidos ventarrones

de recuerdos,

ahogados por miles de sueños

de un niño que quiere escapar.

Necesito subir

antes que asome el puente,

por si el pasado me atrapa.

Durmiente vacío,

quebracho de astillas.

Asoma el arroyo,

podredumbres

se escurren, miserables,

raíces enfermas

que engendran espanto:

dolor y venas atadas

a penosos caballos y perros muriendo

flamean en telas oscuras.

Y todo volvió.

Como un presagio reticente,

en un pestañeo

de humo y frío.

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