El arte es lo que dejas salir señaló cierta vez Andy Warhol. Está a nuestro alrededor. Fluye. Sorprende cuando se lo propone. Y cuando un espacio público, como una plaza, enfatiza la relación comunicacional, permitiendo que el arte despliegue toda su funcionalidad, su razón de producto de comunicación y no de mera mercancía, permite el anhelo de integrantes de la sociedad como reflejo de su naturaleza. Expresando con imaginación sus sentimientos, sueños y realidades, todo ello realizado para ser disfrutado por una mayoría de la población sin apoyarse en criterios estéticos obsoletos y buscando así espacios nuevos próximos.
El último domingo la plaza San Martín se convirtió en un corredor artístico-cultural, donde diferentes prácticas se apropiaron de ese sitio que son espacios de paso, que no son de nadie y son de todos, para ahí, en ese momento, comunicar, expresar. Durante unas cuatro horas músicos, artistas plásticos, narradores, una estatua viviente, artesanos y emprendedores mostraron lo suyo en sociedad en el marco de una jornada que albergó también, de forma paralela, el 2° Encuentro de Cultura para llevar, #YoIntercambioLibros, dirigido a todos los lectores que querían dejar un texto y llevarse otro.
La ocasión fue propicia para que narradoras de la Biblioteca José Manuel Estrada acercaran sus historias al público, mientras Paola García interpretó diversos temas y también hicieron su despliegue con el espectáculo Ellas integrantes de El escondite de mis alumnos, bajo la dirección de Sebastián Díaz; a su vez, la actriz Natalia Arancibia representó a Frida Khalo, y también hubo una clase en vivo de maquillaje artístico para niños, y un taller de arte y dibujo, que permitió una creación colectiva.
Una plaza enfatizando la relación comunicacional
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