Hacer teatro, además de la experiencia en sí misma de actuar, dirigir, iluminar, y ser partícipe como espectador, es activar la conciencia de que nada «es natural»; nada «es así» y que «todo podría ser de otra manera», porque ese hacer es deshacer una estructura encarnada. Es una reapropiación del mundo. Actualmente se piensa en la cantidad de espectáculos como en un maravilloso mercado de entretenimientos (lo cual es válido) pero también son una extraordinaria multiplicidad de metáforas; de posibilidades de lo real que vibran en el interior de lo cotidiano.
Norberto Tojo es actor, escenógrafo y director de teatro. Forjó su vocación en reductos independientes de Buenos Aires y una vez instalado en nuestra provincia, continuó alimentándola. Entre nuestra ciudad y Santa Rosa -donde reside-, logró establecer un puente fortalecido por las ganas de enseñar y de hacer. En la capital pampeana integró la agrupación Teatroké, representando asiduamente piezas como Decir sí, Inodoro Pereyra…el Renagau, La que sigue, Nosferatu, El médico a palos, Cámara lenta o El zapato indómito, entre otras. Creador del grupo La Ronda del Salitral, su debut como director fue con El soplador de estrellas, de Ricardo Talento. Como docente actualmente dicta cursos de actuación en el Salitral y en el nivel inicial de educación, además de coordinar en nuestra ciudad talleres de teatro para niños y adultos bajo la órbita de la Universidad Nacional de La Pampa.
Después de la puesta en escena el año anterior, a través del grupo municipal Comodín, de Las González, y de una obra infantil que se presentará próximamente en General Pico y Realicó de la mano de La Ronda, y mientras continúa trabajando en la comedia La culpa la tuvo el tranvía -se estrenaría en agosto-, Tojo está abocado desde hace varios meses a la obra Mi muñequita, el primer proyecto de Epifanía, compañía de teatro independiente conformada recientemente.
El estreno de la premiada pieza perteneciente al dramaturgo uruguayo Gabriel Calderón será el próximo sábado 23 de abril, en Ruido y Nueces, situado en calles 17 y 14. Marcela Sanz, Marcela Ombroni, Estela Sappa, Yamila Juan, Hernán Cuellar y Gerardo Alainez serán los encargados de mostrar al público los secretos de una familia con sus esquemas y sus valores, la historia de una familia disfuncional, plagada de agresiones y muerte. Es, de algún modo, la visión puntual de una situación general.
«Estoy terminando mi carrera de profesor de teatro en la Universidad de Buenos Aires y tuve que rendir Teatro Latinoamericano, lo que hizo que me metiera en muchas obras y ahí me encontré con Mi muñequita. Realmente me impactó y comúnmente cuando algo me sacude, si puedo, lo hago. Así surgió la idea, los actores que conforman Epifanía querían salir un poco del teatro costumbrista y entonces surgió la posibilidad de encarar esta obra con otras estéticas de trabajo. Es una pieza que genera mucha intriga, donde lo grotesco y la farsa se mezcla con lo fantástico. Ha tenido más de 300 representaciones en Uruguay con un éxito total y como director, después de hacer Un amor de Chajarí y Postales argentinas de Ricardo Bartís, siempre trato de buscar este tipo de obras», contó Tojo en el inicio de la charla con Lobo Estepario.
– ¿Cuál es la primera imagen teatral de la que tiene registro?
– Cuando chico mi viejo me llevaba a ver películas de Chaplin a los cines de avenida Corrientes y de adolescente, cuando los gustos por ahí se clonan, comencé a ir a ver teatro. La primera imagen fuerte que me quedó fue ver la obra Las troyanas, ver a Maria Rosa Gallo en el teatro San Martín, y así me fue ganando la vocación hasta empezar a hacer teatro cuando tenía 18 años.
– ¿Cómo era la formación cuando usted empezó?
– En esa época era totalmente diferente a lo que es hoy. Si bien existía el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, en general sucedía casi todo en el teatro independiente, donde los grupos estaban armados por más de 20 personas. Era mucha la pasión por el trabajo, las horas dedicadas, se viajaba para presentar obras en clubes o en cualquier espacio que se encontraba o te daban. Toda la movida era de esa forma. No llegaban al país los maestros importantes, creo que Lee Strasberg vino dos veces. Ahora existe un profesorado, hay toda una cuestión más pedagógica. Hoy en Buenos Aires existen unas 200 salas de teatro independiente.
– En lo que refiere a los espectadores de teatro ¿cómo se comportan?
– Mucho tiene que ver con el lugar y es importante saber para qué querés hacer la obra, esto es, para qué público y para qué lugar. Por ejemplo, me pasó con Postales argentinas, un gran éxito de Bartís, y cuando la presenté en Santa Rosa hubo mucha gente que no la entendía. Por ahí, a veces, es mucho mejor ir a una localidad con una obra costumbrista como Las González, donde la gente la va a entender y la pasará bien. Pero pienso que está bueno que también la gente experimente otras alternativas, ayuda al crecimiento de la cultura teatral.