Una sola voz sobre el escenario. El unipersonal es la elección de una manera de contar una historia. Una forma que obliga a profundizar en el universo interior del personaje. Y surge cuando hay una intensa búsqueda por parte del creador por comunicar cosas íntimas y personales. Permite una conección directa y algo mágica en el que la actitud del actor se va desarrollando con una dinámica en que se entremezclan la pasión y el desarrollo de la trama.
El cordobés Santiago Loza es un autor al que mayormente le interesa esa cierta zona vulnerada de los personajes, cierta fragilidad o exposición sentimental. En ese contexto, Matar cansa es una excelente conjunción de texto dramático y puesta en escena que exige a mirar desde otro lugar. Donde un fanático atraviesa lazos biográficos -o apócrifos- de la vida del psicópata y criminal serial más grande de la historia argentina. Un monólogo inspirado en la vida de Robledo Puch.
La escena estará interpretada por el actor Leandro Ghiglione, quien le pondrá el cuerpo y la voz a un hombre que, en realidad, son dos. Luego del preestreno ocurrido a finales del año anterior en el sótano de MEDANO, el grupo de teatro Comodín se instalará el próximo 22 de mayo con esta propuesta en las instalaciones de El Viejo Galpón. Dirigida por Gabriel Peralta, la obra muestra a un personaje -un tímido y melancólico admirador del otro, el verdadero protagonista de esta historia- que habla, y al hablar pone al descubierto la violencia, la sinrazón del acto feroz.
«Por estas horas me gana la ansiedad faltando pocos días para el estreno, se están limando detalles para llevar a cabo una historia muy fuerte. Se trata de un relato muy intimista, algo que nunca hice, es como muy lejos de mi persona por lo que lo considero un desafío grande», contó Leandro en el comienzo de la charla con Lobo Estepario. La obra contiene lenguaje adulto y la entrada tendrá un valor de 60 pesos.
Ghiglione se arrimó al teatro cuando apenas tenía 12 años, en San Antonio de Padua, y de la mano de Darío Vittori. Una vez instalado en General Pico alimentó ese vínculo con Gloria Bonany –“una persona que sabe mucho y a quien admiro»-, para continuar nutriéndose en distintos grupos, siendo Daniel Ayerza alguien muy importante en ese camino inicial. “Fue un pilar fundamental en ese momento, que me enseñó un montón de cosas también. A los dos meses de arrancar en el taller, Daniel me preguntó si quería entrar en la obra Inodoro Pereyra. Para mí fue un honor con tan poco tiempo en Comodín. A partir de ese momento no paré, fui y volví a Córdoba un par de veces, pero siempre participando en diferentes proyectos», señaló.
– ¿Cómo hiciste para introducirte en la psicología de un homicida?
– Fue muy raro. Empecé a jugar con sangre, por ahí lo cuento y suena fuerte, pero sucedió así. En la escena aparecen algunas imágenes por lo que también trabajé con fotografías muy desagradables para ir acostumbrándome, hacerlo algo cotidiano. Obviamente todo eso me genera cierta cosa porque soy una persona tranquila y él también, pero con otra personalidad. Se va metiendo, mientras lee e investiga, en la psiquis de un asesino. En realidad, trata de un fanático del asesino. Hay una gran diferencia. El dice que no es un imitador, solo un admirador desmesurado. La mirada está puesta en un asesino como Robledo Puch que dejó su marca y que hoy día sigue siendo noticia, que causa escalofrío. Es alguien que no pasa de época. La obra toca varios puntos de dos personalidades. El relator se siente abandonado en su vida y toma al asesino como si fuera su parte fuerte, alguien que posee un carácter que él no tiene pero se lo apropia, y a su vez traza como una línea romántica. Más allá de admiración se establece un lazo afectivo que termina jugando un rol importante en esa relación y por eso mismo hay situaciones que son ambiguas, que van y vienen, y a veces se confunde con una sola persona, pero que son dos y están muy marcadas en el escenario.
– ¿De qué forma empezó a transitar la temporada el grupo Comodín?
– El grupo arrancó muy bien el año, con algunos nuevos proyectos que ya se darán a conocer. De alguna forma se encuentra en un proceso de reorganización después de que algunos compañeros estrenaran Mi muñequita con Epifanía, proyecto con el que empezaron a trabajar y que me parece está muy bueno, y al que obviamente apoyo. Entonces, en ese sentido, estamos reorganizando la tropa y encarando una idea que dará que hablar, que hará ruido también.
– ¿Cómo es trabajar con Peralta?
– Me encanta trabajar con Gabriel, nos conocemos bastante. Me siento muy cómodo. Es alguien con quien se puede crear, que te da mucho espacio para que eso suceda, al menos desde mi punto de vista, y que sutilmente te va guiando, te va llevando, para que el trabajo, en este caso, sea de a dos, pero repito, con la prioridad puesta en lo que uno siente. Donde parece como que él no hace nada, y sin embargo está haciendo un montón. Eso se nota más en un tipo de relato fuerte como este, que es muy visceral y donde hay que sacar muchas cosas de adentro. En el escenario estoy muy cerca de la gente, cara a cara, por lo que eso hay que trabajarlo mucho. Como que esa cuarta pared desaparece.
– ¿En qué momento de tu faceta actoral te encuentra la exigencia de esta obra?
– Yo soy de ir haciendo cosas diferentes y puedo decirte que Matar cansa es un desafío muy grande, nunca pensé que iba a encarar un unipersonal de este estilo. Está muy lejos de lo que yo pensaba hacer en un momento y por eso quizás costó decidirme y adaptarme, meterme en la cabeza de alguien que no imaginaba meterme alguna vez. Tengo varias obras realizadas, más de las que me acuerdo ahora tal vez. No soy alguien que está muy pendiente de lo que hizo, claro que guardo sensaciones, pero todo eso queda adentro. Siempre me gusta ir por más.