El tango como intensa excusa

Pedro Soria y Marina González

Pedro Soria y Marina González

Música y danza hilvanadas prolijamente. Intima conexión. El tango fue la intensa excusa en el Auditorio de MEDANO. Percepción de atmósferas y colores. Como criterio la coherencia de la coreografía con el repertorio, para desarrollar una puesta integral y armónica. El tango vivió en la noche del pasado sábado. Este género musical, declarado Patrimonio de la Humanidad, es mucho más que la evocación de sus décadas de oro. Intérpretes de hoy lo instalan para que siga emocionando, enamorando. Es un relato actual de la vida misma.
«Noche de tango» fue una conjunción de todo eso. Un grupo de talentosos músicos que se animaron a una nueva propuesta, presentando un repertorio basado mayormente en clásicos, algunos con un espíritu renovado, además de adaptaciones a tres guitarras. Lucía Pirosanto, Ricardo Miner, Antonela Alfonso, la pareja de baile conformada por Marina González y Pedro Soria, y los guitarristas Julio Ortíz, Sergio Panadeiro y Hugo Acevedo, se encargaron de recrear y rescatar obras de grandes letristas como Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Anselmo Aieta o José María Contursi, entre otros. Cada uno sumando a un bagaje común que es lo que va definiendo su impronta y estilo, y que termina de dar forma al todo en una presentación de ese tipo.

Lucía Pirosanto

Lucía Pirosanto

Pirosanto estuvo acompañada por Panadeiro, Acevedo y Ortíz, desgranando con su dulce voz canciones como «Cuando tú no estás», «Monte criollo», «Bajo un cielo de estrellas», «Alma en pena», «Caminito soleado», «Tu vuelta», «Nido gaucho» y «Tu olvido». Alfonso interpretó, cautivando con el sentimiento que pone al cantar, «Sueño de juventud», «Sin palabras», «El motivo», «Madrigal de ausencia», «Rebeldía» y «El choclo». En la presencia vocal de Miner, en tanto, se fueron sucediendo «Escuela de tango», «Baldosa floja», «Tiempos viejos» y «Amor desolado».
Y como el tango es un palpitar, es la vida que toma forma en ese sentir, y está abierto al desconcierto de ese concierto de instantes, la danza fue otro acto de la noche. El trazo propio de una pareja que abre la posibilidad a la creatividad desde la singularidad de dos bailarines como Soria y González. Esa alegría del cuerpo que se recupera en lo indescifrable del abrazo íntimo,ese impulso vivaz y fugaz que se desvanece en la acción que lo relanza nuevamente a la siguiente pieza, a ese lugar del movimiento que lo convoca y espera. Acompañaron las interpretaciones de Pirosanto en el vals «Tu olvido», de Alfonso en «El choclo» y de Miner en «Escuela de tango», cerrando con la improvisación de una milonga.

Antonela Alfonso

Antonela Alfonso

Es así. Para vivir el tango, hay que escucharlo y bailarlo, sentirlo en el cuerpo. Las razones para asistir el sábado a MEDANO eran varias. Todas ellas válidas. El público no fue seguramente el esperado por los protagonistas. Pero quienes estuvieron se dejaron cautivar por la sensibilidad de esa música. Esos que cuando marcharon hacia sus casas, lo hicieron sabiendo que había valido la pena vivir otra vez la experiencia del dos por cuatro.

Ricardo Miner

Ricardo Miner

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