Intrépidos exploradores en un desconocido mundo de imágenes

Como tiempo antes, Edison, los hermanos Lumière, Dickson o Méliès, Domingo Mauricio Filippini fue un intrépido explorador que se adentró aquí en un desconocido mundo de imágenes que comenzaba a abrirse ante sus ojos. Y comenzó a registrarlo. Cortos, documentales y proyecciones en general. El ingenio puesto de manifiesto en todo momento. Se trata de vistas cinematográficas, piezas de estilo documental herederas del cine primitivo en las que la cámara, casi siempre fija, registra lo que sucede delante de ella sin mayores intervenciones

La productora Filippini fue la primera que a comienzos del siglo XX, realizó películas en el territorio de la Pampa Central. Se inició con Domingo Mauricio a quien sucedió su hijo, Domingo Mario. Éste, hizo de la fotografía una expresión artística, rubro por el que se lo conoció y se lo reconoce en La Pampa. Utilizó el cine como recurso visual para registrar hechos significativos a lo largo del tiempo, como la lluvia de cenizas en General Pico, acontecimientos sociales y producción de comerciales -un verdadero avanzado de la época en este sentido-.

Ese apellido clave en la historia de la fotografía y el cine de la región es el título de la película de apertura del 9° Festival Nacional de Cine de General Pico. La proyección tendrá lugar este jueves, a las 22 horas, en el Cine Teatro Pico. «Filippini es una película sobre el cine y la pampa, sobre la identidad que nos da el cine. Es una reflexión sobre el cine en general, porque está presente en la provincia de distintas maneras, pero también hay un centro, un origen, y ese es Filippini. Lo que nos interesa especialmente es el período mudo -o silente, como se dice ahora- de las décadas del 20 y 30, donde la figura de Filippini se vuelve central. Ese cine, que muchas veces ha sido tildado de «primitivo», como si fueran meros proto-documentales o proto-noticieros, es en realidad mucho más que eso. Hicimos esta película en contra de esa mirada, porque creemos que en ese cine hay algo originario, algo que se pliega sobre sí mismo, que se basa en sí mismo, y que no es algo inacabado. Al contrario.Esta forma de ver el cine no es solo nuestra: desde los años 70 hubo un revisionismo desde distintos pensadores y espacios que nos invitan a repensar ese período», contó su realizador, Sebastián Ayerra.

«En ese proceso, también se pone en cuestión la idea de que el cine tiende naturalmente a ser narrativo. Y es desde esa perspectiva que nace Filippini. Es una especie de cruce entre documental, ensayo y cine experimental. Básicamente, la película es un viaje por lugares y tiempos, pero sin una cronología lineal. Mientras investigábamos las películas de Filippini, encontramos unos rollos de 8mm que filmó mi abuelo en los años 60 y 70. Era otro contexto. Ya no era un pionero que trabajaba de hacer películas en una época en la que el cine se inventaba a medida que se hacía, como fue el caso de Filippini, sino gente común -abogados, médicos, arquitectos- que en sus ratos de ocio, generalmente durante las vacaciones, despertaban un «lado B» de su vida y hacían imágenes. Ese cine, llamado familiar o amateur -a veces con la intención de desvalorizarlo-, tiene una sensibilidad muy parecida a la del cine de los orígenes. Se siente muy cercano al cine de Filippini. Y a ese material le sumamos una tercera capa temporal, que es la nuestra, la del presente. Filmamos en 16 mm, pero ya venimos de la academia, somos egresados de la facultad de cine, entonces la ingenuidad queda de lado. Estamos pensando de forma consciente una estética que proviene de esas otras dos capas», agregó.

Ayerra comentó que «en cuanto a los lugares, es más simple. Filippini no solo filmó en La Pampa y en General Pico, también filmó en la provincia de Buenos Aires o San Luis, por ejemplo. Mi abuelo filmó principalmente en Córdoba. Y nosotros llegamos incluso a filmar en Capital Federal. Lo que quiero decir con esto es que el cine pampeano no se define solamente por estar filmado en La Pampa, sino por la mirada: por cómo filma un pampeano, incluso cuando está en otro territorio. La Pampa no aparece simplemente como un fondo o un paisaje a representar, sino como una tensión constante. La película busca interrogar las formas en que esos paisajes fueron construidos, habitados y olvidados. Es un territorio que no solo se filma, sino desde el cual se filma, con todo lo que eso implica: una mirada situada, ancladaen una experiencia concreta, lejos del exotismo o la postal. La lógica centro-periferia atraviesa toda la estructura del film. General Pico, el oeste pampeano, los pueblos intermedios: zonas históricamente desplazadas del centro simbólico del país, pero que contienen una densidad cultural y afectiva propia. Pensar La Pampa implica también pensar sus bordes, sus vínculos con otras provincias, sus desplazamientos. La función del jueves es especial por muchas razones. Estrenamos la película, pero además abrimos el festival. Para nosotros eso fue algo impensado, un honor inmenso que nos regalaron. Pero además, hay algo particular en la forma en que vamos a presentar la película. Desde el principio, llevamos al extremo la idea de pensar el cine silente, y directamente hicimos una película silente. Tenemos una banda sonora, sí, pero está pensada para ser ejecutada en vivo, no como fondo fijo. La película no tiene sonido incorporado: es una experiencia. Por eso el público va a poder vivir algo único: una proyección como las de hace 100 años, pero aggiornada, con música en vivo, con una mezcla de música clásica, electrónica y experimental. Una fusión sonora de la mano de Evelyn Mosman, Julián Ravera y Mateo Roldán», concluyó.

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Autor

Raúl Bertone