Arte escénico y humor, pura devoción

Muchos reconocían en él a un español de «pura cepa». Pero no. Eran sus padres quienes habían desembarcado en estas tierras con la primera gran corriente inmigratoria. Afincados en la zona, Severino Quintela nació en septiembre de 1907, cuando apenas habían transcurrido casi dos años de la fundación de General Pico. Esa pampa brava, cuando lo que abundaban eran los vientos, la arena y un idioma «arisco». Al poco tiempo la familia decidió regresar a su Galicia, pero cuando tenía edad para la «colimba», el joven impuso sus deseos y pegó la vuelta. Su firme intención era cumplir con el servicio militar en el pago que lo había abrigado desde su primer berrinche.
Severino pudo hacer realidad ese sueño. Y la tierra gaucha se le metió de tal forma en el alma que se terminó quedando para siempre. Su primer trabajo fue en la primitiva Standard Oil para continuar ligado a la misma actividad cuando la firma se transformó en Esso, transitando algún tiempo de su vida en la ciudad de Bahía Blanca. Forjó su personalidad con destacadas aristas humanas. Quintela nunca se quedó quieto. Siempre surgía alguna tarea para cumplir. Fue secretario rentado de la inolvidable Comisión Vecinal ProDescentralización de la Justicia, presidida por Anselmo Palau; se lo pudo ver arrimando ideas y aportando trabajo en diferentes instituciones locales pero fue en la Asociación Española de Socorros Mutuos donde quedó marcado a fuego su accionar. Allí, acompañando a Nicolás Carracedo, al sastre Juan José Rodríguez y a Ignacio Iceta Ocáriz, Quintela dejó expuestas sus mejores intenciones.
Pero la estampa de Severino, quien vivió hasta los 89 años, y ese humor agudo que asomaba a cada instante, cobró notoriedad sobre las tablas. Fue uno de los impulsores más importantes que tuvo el teatro filodramático, mostrándose como un intérprete actoral de valía, y reuniendo a elencos que salieron a escena en la «época dorada» de la historia cultural piquense. En el entonces Cine Teatro Armonía, situado en calles 17 y 20, Quintela se encontró por primera vez con exponentes escénicos. Pertenecían al llamado Centro de Aficionados Unidos, dirigido por Francisco Lugano, un director que por lo general también cumplía el rol de apuntador en los ensayos, pero al llevar la obra a escena generalmente no era necesario utilizarlo debido a que a cada actor se le exigía que por lo menos supiese recitar su papel de memoria. En ese grupo estaban, entre otros, Cavilla, Pellat, Dómina, Cid y García. Habitualmente se nutrían de un repertorio en el que predominaban obras dramáticas. Otros referentes que permanecen instalados en las retinas y en la memoria popular como Salvador Agostino, Francisco Morales, Mariano Macipe Celman, Luis Santinelli, Daniel Piñeiro o Dionisio Martín Quiroga, supieron de los aplausos que nacían espontáneamente después de cada presentación. De las tantas que se sucedían en los años ’30 y 40.

Quintela (en el último en la fila de los parados) sobresalía también como recitador.

Quintela (el último en la fila de los parados) sobresalía también como recitador.

En una nota publicada por el diario La Reforma, en el año 1960, Quintela citaba a otro núcleo de aficionados que se reunía en los salones del otrora Centro Unión Comerciantes. «Una de sus grandes animadoras era Juana Correché, «alma mater» tiempo después de nuestra agrupación de teatro. Aurora Correché, Nené Britos, Carlota y Juana Daunes, las hermanas Torres, Garabito Quiroga, y Paco Petrelli me acompañaron en el debut, en una comedia dramática de ambiente campero. El director era Morales, un maestro de escuela, y posteriormente esa función estuvo también en manos de José Matilla y Pepe Prado».
«Nuestro repertorio -continuaba Severino en esa nota- era de lo más heterogéneo. Sainetes de uno a dos actos, piezas sentimentales y cómicas de tres actos, monólogos, cuadros alegóricos creados por Juana Daunes, con recitados y música de fondo. Con la incorporación más tarde de Fernando Casas, incursionamos en el terreno de la zarzuela y la opereta. Teníamos mucho entusiasmo y recuerdo que para montar «Molinos de viento», debimos ensayar casi todas las noches con una orquesta de profesionales, pero no nos costó un centavo. En esa agrupación estaban Bertolo, Berchialla, Pereyra, un hermano mío y otros músicos que ahora no recuerdo. También, bajo la dirección musical del maestro Riofrancos, pusimos en escena algunas zarzuelas conocidas, y una de ellas fue «La marcha de Cádiz».
Quintela decía salir «indemne» de cada interpretación, pero nadie dejaba de desconocer sus dotes actorales y su capacidad interpretativa. «Era la época de oro del sainete. Surgieron por entonces algunos libros de autores locales y muchas veces superaron puestas en escena de nombres consagrados debido a nuestro interés por hacer lo mejor. La comedia «Cuando Nerón roncaba en Roma», de Forteza, tuvo un marco musical digno de la finura de su «chispeante» argumento. Esa vez encarné, en solfa, claro, a Nerón. Recuerdo que en cierta parte anuncié el incendio del teatro y, vaya paradoja, al poco tiempo el Belgrano lamentablemente se quemó. Otro momento muy lindo fue con «Vamos», de Pepe Prado, que fue llevada a escena un 26 de mayo por su hermano Dorfilio y yo. Hubo otras actuaciones notables como la de Aurora Correché en «Retazo», de Darío Nicodemi, Pilar Prado protagonizando «Molinos de viento», o la labor de Inselca Prado o Carlota Daunes, dos mujeres de mucho carácter», rememoraba Severino.
Lector empedernido, sus incursiones por «La Peña», en aquellos tiempos primigenios, dejaron en claro su capacidad como recitador, y estuvieron también aquellos que con el paso de los años de dejaron de citar sus incursiones en la obra «La venganza de Don Mendo», del comediante español Muñoz Seca, o en zarzuelas que permitían que los españoles radicados aquí sintieran como el corazón superaba el ritmo normal de sus latidos. Efectos de la emoción. ¡Qué más!. Quintela fue pura devoción por el arte escénico, por la vida, por el humor. Derrotero en el que hizo un culto de la amistad. De esa forma caminó estas calles piquenses, que tanto recorrió, casi casi hasta sus últimas horas.

Quintela integrando uno de los grupos de teatro,  donde sus integrantes aparecen con máscaras diversas.

Quintela integró diferentes grupos de teatro. En la imagen aparecen con máscaras diversas.

 

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Autor

Raúl Bertone