Deambulando con libertad por un derrotero tonal

Una propuesta clara y genuina. Eso tiene Amalaya Pampa. Cierran un círculo de mucha entrega sobre el escenario, y esa visión de la canción como medio y también como fin. Construyendo la obra para comunicarse con los demás. El arte bien construido alimenta y es transformador. Recreando de alguna manera los pasos que buscan encontrarse con la senda marcada por aquella generación más vanguardista del género folclórico, revalorizando a su manera el patrimonio más rico de la música tradicional argentina, pero sin atarse al folclore. Una mixtura en la que navegan otros géneros como el jazz, el reggae o ritmos africanos. Ni deudores ni herederos, hacen lo que les toca en su tiempo. Haciendo música. Porque la música puede transportarte a otros paisajes, a otros tiempos. Es capaz de aliviar la nostalgia o avivarla.
Algunos de sus integrantes salieron al ruedo primeramente en 2008 identificados con el nombre Los Huella para después, en junio de 2011, mostrarse en sociedad como Amalaya. En todos estos años se dieron el gusto de compartir la escena con exponentes reconocidos como Sergio Galleguillo, Ángela Irene, Mario Álvarez Quiroga, Nocheros, Los Huayra o Los Tekis, por citar algunos, dejando expresada su impronta en diferentes puntos de la provincia y del interior del país. Su primer trabajo discográfico fue parido en 2012 en el estudio de La Hoguera Records y llevó el nombre del grupo. Y cuando hay tanto para contar, procurando en la escucha de una serie de canciones la sensación de estar viviendo dentro de ellas, gimiendo pasiones, a finales de 2016 nació el segundo «hijo»: Huellas.
El grupo, integrado hoy por Juan Hernández (guitarra y voz), Pablo Díaz (voz y bombo legüero), Marcos Fassione (voz), Martín Hernández (guitarra y voz), Marcos Castro (guitarra), Gustavo Adam (bajo), Ramiro Portillo Casata (batería) -ingresó tras la partida de Jorge González-, y Martín Gatica (percusión), tendrá el próximo sábado 18 de marzo una cita con su público. Será en el Auditorio de MEdANo, a partir de las 21:30 horas. El convite tiene esa especial razón de mostrar el nuevo álbum, lleno de canciones que invitan a deambular con libertad por un derrotero tonal. Como la banda de sonido de los recuerdos, de las sensaciones que se archivan en cada anécdota, o en el simple quehacer cotidiano tan subestimado.
Del horno de La Hoguera salieron letras y música retumbando la emoción de lo que fue, de lo que pudo haber sido, o de lo que es, de lo que no es, o de lo que será. Un disco nunca se acaba. Si no tiene espíritu lo demás no sirve de mucho. El impulso de Amalaya se tradujo en ese objetivo. Que el espíritu, la esencia, el sentimiento, esté presente al escucharlo.

Quiscaloro – (F.Juárez/M.Jugo).
Vientito del Tucumán – (Yupanqui/Arnedo-Araujo-Mollo).
Aquel tiempo de mi infancia – (Tullenque-Carabajal).
Niña Camba – (César Espada).
Chaya de los pobres – (Navarro/Palmer).
Tiempo de amor – (Ponti/Leguizamón).
La flor azul – (Arnedo Gallo).
Amor y juramento – (José Rodríguez).
Rogativa de loncomeo – (Marcelo Berbel).
Entre la infancia y el hombre – (Rojas/Carabajal).
Para los dos – (Imperio/Guerrero).
La colina de la vida – (León Gieco).
El pescador – (José Barros).

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Autor

Raúl Bertone