«La invitación a expresarnos en estas difíciles horas no son para mí una carga, acaso una necesidad. Me han recordado ya hace unos días que no tenía que trabajar por ser considerado “grupo de riesgo” y acepté sin humor los comentarios de “suertudo” de mis compañeros de trabajo sabiendo que les tocaría también a ellos como luego ocurrió. Hoy me encuentro cumpliendo responsablemente esta cuarentena horrorosa, saturado de noticias, asqueado de las redes sociales, aburrido de viejas series. Creo que, con honrosas excepciones, estamos mostrando lo más miserable de nuestra humanidad. Líderes nefastos y desafiantes, políticos ¡haciendo política!, religiones invisibles y convenientemente enmudecidas o ambiguas, personas VIP filosofando desde sus gimnasios privados, ignorantes irresponsables y estúpidos irredimibles son algunos de estos tristes ejemplos. El bálsamo, como siempre sucede, proviene de la gente común que arriesga su pellejo en calles, laboratorios y hospitales. Sí, esos, los históricamente mal pagos y peor pertrechados. Dios les ayude y mantenga a salvo. Yo pertenezco al grupo de los pesimistas crónicos, me disculpo de antemano. Mi ya anticuada formación profesional me da un pequeño plus de conocimiento sobre la media de la población en lo que a prevención de enfermedades se refiere que desearía no tener, sufro con los buenos informes médicos y científicos y abomino de los falsos curadores que hacen más mal que bien. Estoy escribiendo mi tercer novela, es de género fantástico y pretendo que sea tenebrosa, pero como dice el dicho “la realidad supera a la ficción”, ojalá pueda volcar en ella mis oscuros pensamientos, seguramente ganaría en calidad. La pregunta es: ¿algo se considerará suficientemente tenebroso al final de esta crisis?. Me gustaría tener el optimismo de los que dicen que renaceremos como una sociedad mejor y lo comparan con lo sucedido pos segunda guerra. No coincido. Aquí no tenemos un enemigo palpable para enrostrarle nuestra victoria o demostrarle nuestra entereza en la derrota. El enemigo somos nosotros mismos, que venimos jugando hace tiempo con cosas que no tienen repuesto (robado a Serrat). Como les sucede a todos los pesimistas con alguna tendencia a pontificar, le pido a Dios, a la naturaleza o a quién corresponda que nos ayude y me demuestre que estoy equivocado. Al fin y al cabo…sólo soy un tipo común que ya pasó los sesenta».
Héctor Massara
Nació en General Pico. De profesión médico veterinario, sus primeros escritos fueron cuando joven, ingresando luego en un largo periodo donde se mantuvo alejado. El hábito lo recobró asistiendo a los talleres dictados por Águeda Franco y Eduardo Senac. Su primera novela fue Tierraplana (El Lobo Estepario), editada en 2017, continuando con Mala leche, Duggan, obra seleccionada en octubre del año pasado por el Fondo Editorial Pampeano (FEP). Se encuentra escribiendo su tercer novela.
Así escribe
Fragmento de Tierraplana
«Nadie te va a hacer daño Payuca, estos amigos son oficiales de justicia y no tenés idea para qué vinieron. Hay un enorme escándalo, el Interventor no sabía que estabas acá, ya figurabas trasladado a Ushuaia y me parece que te querían limpiar. Acosta está preso acusado del asesinato de Palito y de planear el tuyo. Por ahora está incomunicado, pero apenas suelte la lengua se lo lleva puesto al Director. Te vamos a higienizar un poco y te vas a presentar en la Dirección -miró a los silenciosos oficiales-. Estos amigos me contaron que hay buenas noticias para vos, pero no te van a adelantar nada.
Iban llegando a los baños, un enfermero ayudó a retirarle la bata y el calzoncillo con mucha discreción y le alcanzó una pastilla de jabón, el agua empezó a salir primero fría y luego deliciosamente templada. ¡Buenas noticias!, ya conocía las buenas noticias de los jueces, el Interventor no querría líos políticos, y lo iba a retener bajo su bota. No lo trasladarían al sur, pero envejecería jugando a las bochas con Damacio. Su mente no aceptaba ese destino, y su cuerpo tampoco. Una hoja de afeitar bastaría».
Fragmento de Trío de pobres poetas
«García ha creído necesario intervenir y hace unos comentarios ingeniosos para entibiar el ambiente. El también conoce a la hermosa mujer que se desliza etérea entre maniquíes y perchas de la tienda de la calle Mitre, una vez le ha sonreído —quizá lo hace de costumbre— y continuado su tarea sin importarle el efecto. Es joven, tal vez veinte años menos que los amigos, pero… ¡qué diablos! Recién ahora sospecha porque sus caminatas lo llevan por esa calle poco amigable y de veredas desparejas».
Fragmento de Buscando «al Señor X»
«Las primeras planas fueron inundadas de prolijas estupideces. El “niño docto”, sarcasmo ofrecido gratuitamente al acomodado periodista, sin duda era amante de los cómics y de la novela negra. Armado solamente con la pobre información policial dibujó complejos gráficos, triangulaciones geográficas y asociaciones rebuscadas basadas en llamadas telefónicas a los familiares de las víctimas. Su sagacidad descubrió así paralelas aficiones a las pastas, gustos por el futbol y la cocina natural y, la menos absurda y tal vez útil: Cuatro de ellos tenían trabajos nocturnos y los otros tres eran solteros y de noches disipadas, adjetivo éste que le costaría al diario un juicio por difamación».