El tiempo de Nadar no fue breve ni aburrido

«Mis mejores retratos son aquellos de las personas que conozco mejor”, decía. Su atracción por las situaciones extremas hizo que descendiera a los subsuelos –puso de moda las catacumbas y las alcantarillas de París- o que volara por los aires. Viajó por primera vez en globo en 1857. Al año siguiente logró realizar fotografías aéreas. Félix Tournachon, más conocido como Nadar, fue, antes que fotógrafo, un caricaturista feroz. Sus bosquejos podían encontrarse en Le Charivari, el más célebre periódico satírico francés de su época. Fue un fotógrafo excepcional, que investigó varias técnicas y manejó como pocos ese oficio raro, y por entonces novedoso, de capturar fragmentos de la vida en un instante. Desarrolló la técnica de preparación de los negativos sobre una placa de vidrio e, incluso, registró una patente para la aplicación mecánica del colodión sobre la placa. Realizó en 1859 el primer retrato con luz eléctrica. La producción artesanal estaba en su esencia. Con su hijo Paul llevó a cabo en 1866 el primer reportaje “moderno”, uniendo texto y fotografía. Fue una entrevista al químico Eugene Chevreul. Su amigo Baudelaire escribió en su Diario: “Nadar es la expresión más sorprendente de vitalidad. Me sentía celoso de él al verlo triunfar en todo lo que no fuera abstracto”. El poeta maldito estuvo ante su cámara. Como también fueron retratados Víctor Hugo, Théophile Gautier, George Sand, Louis Pasteur, Emile Zola, Stéphane Mallarmé, Eugéne Delacroix, Alexandre Dumas, Gustave Doré, Rossini o Franz Liszt, entre otros. Un elenco notable. Nadar vivió 90 años. Trabajó hasta los últimos días de su vida. Gracias a él, mucho más que a los fotógrafos de arte –que lo despreciaban- la fotografía conquistó su autonomía como medio de investigación estética. El tiempo de Nadar no fue breve ni aburrido.

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Autor

Raúl Bertone