«Estamos gritando en la niebla, viendo un espejo que no nos devuelve nuestro reflejo»

«Estos son momentos de mucha incertidumbre. La novedad nos tomó por sorpresa y “con el cuero desnudo”. Pero esta epidemia no es aislada: se suma a muchas batallas que venimos librando y nos tienen desgastados, aunque vigentes en el arte y la fe. Ya hoy, pasado el cuarto de hora, me aborda una sensación extraña, por momentos individual y por momentos colectiva. Por ahí escuché algo así como que “el ser humano se hace consciente de su humanidad en la adversidad”, y algo de eso hay. También una especie de tocar fondo a ciegas con los pies temblorosos pero buscando el envión que nos lleve al aire fresco que sabemos que hay más arriba…O más adelante. Es una sensación nueva, a veces fría y lúgubre, a veces, extrañamente, fresca y augurante. De alguna manera siempre supimos que la cancha se domaba en equipo, pero la tentación de la pelota en punto de gol trabó muchos pases. Hoy estamos todos (o muchos) en defensa, alineados naturalmente. Naturalmente mínimos, casi sumisos. Los músicos nacimos con una nota clavada en las víceras. Padecemos de una especie de fiebre que nos tiene platónicamente enamorados desde que rozamos una melodía con las yemas de los dedos, con la punta de la lengua…Con el talón de Aquiles de nuestro orgullo. Aprendimos un lenguaje. Entablamos un diálogo en el que aprendimos que tenemos un nombre, una identidad, un lugar en el mundo. Hoy este diálogo está interferido. Estamos gritando en la niebla, viendo un espejo que no nos devuelve nuestro reflejo. Tenemos la piel sobresensibilizada. Nos comunicamos con nuestros colegas a punto de emoción, como reconociéndonos, re-identificándonos. Buscamos huellas, coordenadas, como respuestas de radioaficionado que gira y gira la perilla de su aparato. Nuestros frutos y emociones viajan por delivery, casa por casa ofreciéndose con precio a consideración y voluntad. Buscan piedad y solidaridad bajo el gobierno de la improvisación. Y en este ring volvemos golpeados al rincón buscando los bálsamos, la gota de agua antes de que vuelva a sonar la campana. La “realidad virtual” de a poco se va apoderando de los espacios. Es una compañera que entró sin tocar la puerta, aunque uno sabe que estuvo esperando, tímida, desde hace un tiempo en el umbral. Hoy es esa película apocalíptica que observamos y nos tiene inmersos en su trama. Estamos a su merced. La red nos alimenta de sus pechos, nos cuenta sus cuentos, imparte sus leyes, deberes y límites. En ella navegan nuestras producciones y nuestros diálogos. Y nuestras esperanzas. En su contraluz se vislumbran nuevas formas. Luces, sombras y colores. Nuevos matices. Nuevas armas en estas nuevas guerras. Miro por la ventana, como quien mira el tiempo. Tiempo de aprender, de incorporar todo eso que quedó desde siempre para el después. Me pruebo el ambo de antropólogo y busco el rumbo. Y me pregunto, me cuestiono a mí mismo, a nosotros y al futuro. En este nuevo cauce, ¿a dónde llegará el agua que hoy nos tiene hasta el cuello? Creo que cambiarán muchas cosas, a coste de un alto precio. Este precio que hoy pagamos nos dejará en la bolsa del mercado algunas provisiones y previsiones que ojalá atesoremos, claro, no sin temor. Ese temor que es el que, dicen, nos trae conciencia humana».

Darío Zorzi

Nació en Santa Rosa. Es cantante, compositor, instrumentista, técnico en sonido en vivo y grabación. Comenzó en una banda del colegio secundario, participando de certámenes locales. Integró diversos grupos vocales y coros, incluyendo el Coro Municipal de Adultos de Santa Rosa. Ha participado en distintas formaciones como cantante e intérprete instrumental, además de realizar servicios de sonorización, grabación (técnico) y producción musical con su empresa desde mediados de los años ’90’ hasta la actualidad. Podemos citar, además, su premiada faceta como autor y compositor. Como músico obtuvo el 1° Premio en la Fiesta Nacional del Chivo en Malargue (Mendoza), como solista vocal y canción inédita por un tema propio. A su vez, participó junto a César Isella en el escenario mayor de Cosquín, en ocasión del cincuentenario del festival; acompañó al grupo vocal Opus Cuatro en la grabación de un disco junto al Coro de Adultos, y en una presentación en el Teatro General San Martín de Buenos Aires; ha compartido escenarios junto a integrantes de la familia Toro (Facundo, Claudio, Carlos, Daniela y el consagrado Daniel). Actualmente cursa la carrera de Profesorado de Música en el Centro Regional de Educación Artística en Santa Rosa.

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Autor

Raúl Bertone