«Incertidumbre. No sé cuándo ni cómo. Entonces…todo es hoy, ahora, en esta próxima hora, en cinco minutos, ya. Hace muchos años (cuando la música empezó a ser mi medio de vida) decidí que mi trabajo fuera un bien que podía compartirse a cambio de dinero, con feliz convicción, sin concesiones creativas, atenta a discernir entre tanta repetición “Una idea”. Y: siempre, escuchando la época y a las personas que la activan, obturan, cuestionan, la matan y reviven siendo parte de ella. Hace unas semanas, no sé cuántos días pasaron…Encendí una cámara, iluminé mi mesa y canté. Incertidumbre. Alguien escucharía? Sí! Llegaron los oyentes, les buscadores, lxs solitarixs, los gigantes y las sirenas. Canté las canciones que quería cantar, las canciones que otros me pedían…canté canciones que sé de memoria y leí letras que nunca aprendí. Canté canciones que jamás había cantado y busqué entre cancioneros de papel letras antiguas…con músicas que no recuerdo pero sé que no fueron olvidadas. Canté porque eso es lo que ahora, hoy, en esta próxima hora, en cinco minutos, ya: puedo hacer. Dar lo que puedo dar. No cotiza en el mercado. A cambio infinito: el amor y la gratitud por esos mates cerca de las siete de la tarde. Mates con canciones compartidas, pensativas, alegres o tristonas, no importa, cada cuál (si quiere) abre su corazón y escucha. Veo globitos a la izquierda de la pantalla, o pulgares azules hacia arriba…y eso que veo es mi moneda. Si me preguntas que opino, cómo veo la cosa, el futuro…el destino del arte en las manos de su época, cambiarán los escenarios de la música? De a ratos pienso que mucho del mundo va a cambiar y de a ratos que todo volverá cómodamente a su sitio: imperfecto y arbitrario. Para mí será en un punto lo mismo, dar lo mejor que puedo dar. A cambio siempre, de lo mejor que el otro puede darme o no darme. Las cartas en la mesa.…y muchas cosas más Lobo Estepario….mucho más habrá. Pero ahora, ya, para mí no es momento de alargar el día ni hacer avistamientos lejanos. Hoy, ahora, ya… me es urgente leer un poema».
Sandra Aguirre
Nació en Salta. En su trayectoria ha recibido varios reconocimientos, imponiendo su talento y sus convicciones musicales en 1998, cuando obtuvo el 1° Premio Revelación del Festival de Cosquín, para lograr en el año 2000, en los Premios Octubre, la llave que le permitió grabar Sí, su primer disco, en el sello Melopea, donde luego registró su segundo trabajo El hombre de barro, inspirado en la obra del poeta salteño Julio Espinoza. Ambos discos fueron producidos por Litto Nebbia. En 2013 editó Flores, de donde se pueden deshojar temas suyos y de creadores salteños como Gustavo Leguizamón, Eduardo Falú y Jaime Dávalos, ademas de recordar alguna joya de Ariel Ramírez y de Inti Illimani. Este disco fue seleccionado entre los mejores del folclore alternativo en los Premios Gardel 2013. En él incluyó Los aromos de Toay, tema de su autoría con aires de milonga, que hace algunos años fue estrenado en la Casa Museo Olga Orozco de Toay, en el marco de la presentación del libro de poemas de Norma Arana. Su repertorio está compuesto por temas propios y de compositores salteños, como Manuel J. Castilla, y los mencionados Falú, Dávalos o el Cuchi Leguizamón, e incursiona en ritmos de folclore latinoamericano, versionando temas de Inti Illimani y de Chabuca Granda. En 2019 fue el momento de Entonces, Ensuit, su cuarto trabajo, que sirvió para celebrar sus 40 años con el canto. La placa se presenta como una suite con cinco estaciones (Haiku, Rara virtud, Llueve con sol, Tapa un molle y Farol). De forma constante recorre el país, viajando y proponiendo su música por distintos escenarios.