Un libro: La catedral del mar, de Ildefonso Falcones.
«Este libro como un ejemplo o exponente de un tipo de lectura que me atrapa mucho. Una novela histórica que aún siendo larga tiene los ingredientes necesarios para atraparte de principio a fin. Las licencias propias que el género permiten tomarse al autor, y los datos de un marco histórico repleto de información te nutren con datos interesantes, y dan pie a introducirte en nuevos temas de investigación. La elijo además por ser una lectura entretenida y que estimula la imaginación».
Fragmento: «Bernat volvió a levantar la vista al cielo. La cosecha y el tiempo habían decidido acompañarlo en su fiesta. Miró hacia su masía y de nuevo hacia la gente y frunció ligeramente los labios. De repente, pese al tumulto reinante, se sintió solo. Apenas hacía un año que su padre había fallecido; en cuanto a Guiamona, su hermana, que se había instalado en Barcelona después de casarse, no había dado respuesta a los recados que él le había enviado, pese a lo mucho que le hubiera gustado volver a verla. Era el único familiar directo que le quedaba desde la muerte de su padre…Una muerte que había convertido la masía de los Estanyol en el centro de interés de toda la región: casamenteras y padres con hijas núbiles habían desfilado por ella sin cesar. Antes nadie acudía a visitarlos, pero la muerte de su padre, a quien sus arranques de rebeldía le habían merecido el apodo de «el loco Estanyol», había devuelto las esperanzas a quienes deseaban casar a su hija con el payés más rico de la región».
Una canción: Yendo de la cama al living, de Charly García.
«Elijo esta canción, no porque sea la que prefiero -porque jamás podría vivir con una sola- pero si porque representa lo que significa el rock para mí. Una buena combinación entre energía, rebelión, sinceridad e ironía; entre otras cosas. Y por supuesto uno de los grandes artistas de la música nacional: Charly García presente».
Un disco: Nevermind, de Nirvana.
«Creo que fue el ítem que más me costó elegir de todos. Es demasiado complejo seleccionar un disco que represente como obra integral lo que la música simboliza en mi, pero logré llegar a un resultado. Y no justamente porque la búsqueda haya terminado. Simplemente elijo este disco por la época en la que llegó a mi vida. En el momento que lo hizo (en el inicio de mi adolescencia) logró ocupar un lugar que jamás podría reemplazarse por cómo me marcó. Es una de esas cosas que logran dejar su sello porque representan algo en tu fuero interior que nunca cambiará».
Una película: Contact, de Robert Zemeckis.
«Siempre me atrapó la idea de la vida en otros planetas. Pensar que en la inmensidad que nos rodea, y de la cual somos una ínfima parte, existan cosas que escapan a nuestros conocimientos e imaginación. Las distintas formas de manifestación de la energía están ahí. Saber que estamos expuestos a recibir y poder identificar -o no- estímulos e impulsos que nos llegan a través de la galaxia, es emocionante. Esta película que está basada en la novela escrita por Carl Sagan, retrata algo de todo eso con cierto sustento científico, haciendo eco además de puntos de vista religiosos, tecnológicos y sociales que tejen una trama que atrapa. Me apasiona recordar que somos parte de algo infinitamente grande y tenemos la oportunidad de vivir las situaciones que nos tocan atravesar en esta experiencia que llamamos vida. Te deja pensando un rato. Por eso la elijo».
Un poema: Tiempo del hombre, de Atahualpa Yupanqui.
La partícula cósmica que navega en mi sangre
Es un mundo infinito de fuerzas siderales.
Vino a mí tras un largo camino de milenios
Cuando, tal vez, fui arena para los pies del aire.
Luego fui la madera, raíz desesperada.
Hundida en el silencio de un desierto sin agua.
Después fui caracol quién sabe dónde.
Y los mares me dieron su primera palabra.
Después la forma humana desplegó sobre el mundo
La universal bandera del músculo y la lágrima.
Y creció la blasfemia sobre la vieja tierra.
Y el azafrán, y el tilo, la copla y la plegaria.
Entonces vine a américa para nacer en hombre.
Y en mí junté la pampa, la selva y la montaña.
Si un abuelo llanero galopó hasta mi cuna,
Otro me dijo historias en su flauta de caña.
Yo no estudio las cosas ni pretendo entenderlas.
Las reconozco, es cierto, pues antes viví en ellas.
Converso con las hojas en medio de los montes
Y me dan sus mensajes las raíces secretas.
Y así voy por el mundo, sin edad ni destino.
Al amparo de un cosmos que camina conmigo.
Amo la luz, y el río, y el silencio, y la estrella.
Y florezco en guitarras porque fui la madera.
«Es difícil elegir solo uno (de lo que fuera) pero este poema me encanta por la historia que relata. Me identifica el sentimiento con que lo recita el gran Atahualpa. Y me gusta pensar que de alguna manera estos versos retratan lo que siento en mi paso por este mundo».


