El mítico grupo Cantizal, ese excelente quinteto surgido en la década del ’80, dejó una huella profunda en el cancionero pampeano. La formación, integrada por Oscar García, Andrés Díaz, Omar Urreaga, Luis Montoya y Osvaldo Di Pietro, expuso en cada una de sus presentaciones una gran calidad interpretativa, tanto vocal como instrumental, amén de un cuidado repertorio. Un recorrido no demasiado extenso en el tiempo, pero que bastó para dejar un recuerdo imperecedero, inmortalizando, entre otras obras, Y el viento va, uno de los himnos musicales de nuestra provincia.
Cantizal produjo dos gemas. La primera fue justamente Cantizal, en 1985, grabando himnos como Milonga baya, Por qué cantamos, Pan del agua o Huella de ida y vuelta, acompañados por guitarristas notables como Agustín Gómez, Esteban Morgado, Sará o Miguel Angel Reyes; el segundo y último disco se llamó Y el viento va…(1987), con temas como Hay un pueblo, Juan Wala, La tierra del caldén, Taberna o Salud a la cofradía, con el aporte del Trío Morgado y el bandoneón de Pablo Greco.
Por estos días puede escucharse en diferentes plataformas un disco que finalmente pudo salir al ruedo, luego de una larga espera. Cantizal – A dos voces sirve como rescate de todo ese legado. La grabación de los temas tuvo lugar en 2012, pero diferentes circunstancias impidieron concluir en el mencionado año un proyecto ideado en ese momento por Oscar García y el Vasco Urreaga, acompañados por Juan Cruz Santajuliana.
«A veces cuando hablo de Cantizal me parece que hablo de otros y no de mi. A principios de los ’90 el grupo comenzó a diluirse por distintas razones y, a pesar de varios intentos, no pudimos reconstruirlo. Muchos años después con mi amigo Omar (Urreaga), comenzamos a juntarnos por el gusto de cantar y armar cosas a dúo. Y con Juan Cruz (Santajuliana) también somos amigos y vecinos. Pensábamos grabar varios temas más, pero comencé con mis problemas de corazón y terminé en el Hospital Italiano con tres bypass, y una recuperación que me llevó un año», contó el Gallego García, entrevistado por El Lobo Estepario.
El músico santarroseño, integrante de otros recordados grupos como Las voces de Huitru Mapu o Los Ranquelinos, destacó que «el proyecto se fue quedando atrás, quedaron esos 11 temas grabados y mezclados, pero no pudimos recuperar los originales para poder corregir los tracks, debido a un inconveniente técnico en el estudio donde estaba todo el material y que hizo que perdiéramos todos los originales que teníamos en pistas separadas. El resultado de lo que tenía no me satisfacía, pero no estaba dispuesto a hacer todo de nuevo. Fue entonces que quedó en un cajón durmiendo un largo sueño».
García, que en pleno confinamiento obligado por la pandemia de coronavirus aprovechó todo ese tiempo para revisar y sacar a la luz viejas obras plasmadas luego en el disco El bardo lejos, un buen día también se puso a escuchar ese material grabado en 2012. «Pensé, esto es lo que hay, lo que quedó del viejo sueño cancionero. Tratando de respetar el espíritu de Cantizal, con las ausencias irremplazables y las presencias inclaudicables. Con errores e imperfecciones. Auténtico hasta en eso. Solo faltaban completar dos temas: Mañana de la luz y Cuando me abandone el alma. Tenían solo la guitarra base, Juan Cruz andaba muy ocupado, por lo que se lo comenté a Osvaldo Lagos, y él aceptó ponerles guitarras y guitarrón para terminarlas. Obi Homer masterizó todo. Casi 10 años después de grabarlo, resolví editarlo y que conozca la luz. Ahora también dejará de ser nuestro para que se lo apropie el corazón del pueblo. Ojalá así sea. Siempre me quedará la idea que pudo ser mejor, pero esto es quizás lo que pudimos. Y tiene toda la verdad de un trabajo artístico y emocional muy sincero», concluyó García.