El ritual de la danza y la magia

Desde un tiempo sin memoria la danza acompaña al hombre en el dolor y la alegría. Es todo aquello que lo vincula con el mundo espiritual y con las fuerzas de la naturaleza. En cada expresión de su poder o su debilidad. El ritual de la danza y la magia. Zamba, chacarera, pericón, gato, bailecito, escondida, triunfo, malambo, carnavalito. Un pueblo se identifica por sus manifestaciones, sus tradiciones y su gente. Y el baile es una maravillosa manera de expresar con el cuerpo y el alma esa pertenencia. Sirve para mantener vivo un legado, y el hecho de compartirse hace que se crean lazos indisolubles con el tiempo. El folclore es sustancia vital de ese legado. Y a través de la danza los escenarios recobran vida.
El último fin de semana se produjo en nuestra ciudad una importante convocatoria de bailarines buscando sostener y acrecentar dos proyectos que están materializándose en esta parte de la provincia. Uno de ellos refiere a la conformación de un nuevo cuerpo de baile semiprofesional, denominado Estancia Ballet, involucrado en todo el abanico de las danzas tradicionales argentinas y latinoamericanas, con la premisa de afrontar giras que comprenderían tanto el interior del país como el exterior. La restante idea que se viene bosquejando es el armado de una delegación de danzas folclóricas del norte de La Pampa, y allí confluyen exponentes de General Pico, Caleufú, Eduardo Castex, Pichi Huinca, Arata, La Maruja, Realicó y Trenque Lauquen, siendo el mayor convite en un futuro cercano la presentación en la apertura de una de las noches del Pre Cosquín, en enero de 2018, con más de 100 bailarines en escena.
La referencia principal de esta movida es el cordobés Luis Martín Juárez, un avezado y reconocido bailarín nacido en Cosquín, quien desembarcó por estos días en General Pico para brindarle continuidad a una actividad que arrancó el año pasado en la localidad de La Maruja. Integrante del Ballet Camin y del Ballet Nacional, actualmente es profesor y coreógrafo de danzas nativas, latinoamericanas y malambo, y viene recorriendo el país brindando seminarios, charlas y conferencias.
Juárez proviene de una familia largamente emparentada con la música y la danza. A los cuatro años ingresó en la Escuela Municipal de Folclore de su ciudad natal, y luego de cursar los seis años de teoría y práctica, se recibió de Maestro Instructor. Fue parte de los ballets de la Escuela que nutre permanentemente al ballet oficial de Cosquín. «En el año 97 pisé por primera vez el escenario mayor haciendo la apertura. Para todo bailarín de folclore llegar a eso es el techo, luego uno pasa a otra etapa. Bueno, con 15 años de edad pude vivenciarlo, con los miedos y la adrenalina lógica. Seguí mi carrera, en el ’99 me hice cargo del grupo de los más chicos y en el año 2000 pasé a ser coreógrafo y bailarín del Ballet Camin. En ese momento todos eran mucho más grandes que yo. Estuve hasta el 2010, pero además en el 2003 me presenté en la audición del Ballet Nacional, éramos más de 900 bailarines y logré quedar entre los diez elegidos, cinco varones y cinco mujeres. Estuve allí un año, fue bastante complicado por muchos motivos, como tener que estar dedicado exclusivamente las 24 horas del día», contó Juárez a modo de presentación, abriendo la charla con Lobo Estepario.

– ¿Cómo vinculaste toda esa experiencia adquirida a este momento personal?
Todo lo que viví fue algo hermoso. Las giras me permitieron conocer Latinoamérica, me brindaron la posibilidad de tomar cursos con profesores de otros países. Estuve en España, Italia, Francia, Alemania, también en festivales en Japón como bailarín invitado, en el 2006. Ese año participé en el programa Bailando por un sueño de Marcelo Tinelli e hice teatro en Carlos Paz. Cuando me fui del Ballet Camin en 2010 tenía conmigo un aprendizaje muy importante, resolví encarar mi propia carrera como coreógrafo, sumando mucho trabajo. Es poco el tiempo que vivo en Cosquín, pero es lo que elegí y lo que me gusta. Decidí llevar mi cultura coscoína a distintos puntos del país. Algo que sucedió hace poco y me generó mucha felicidad es el llamado que recibí desde la Dirección de Cultura de Quito confirmándome que fui seleccionado como único representante del país en una imponente reunión que tendrá lugar en noviembre en Ecuador con la participación de unos 6000 bailarines de todo el mundo. Iré a bailar y a dar seminarios. Y mi compañera será una bailarina piquense, cuyo nombre aún no fue confirmado, lo que debe ser motivo de orgullo para los pampeanos.

– ¿De qué manera estás desarrollando la tarea en nuestra provincia?
– Vengo trabajando desde el año pasado, cuando empecé en La Maruja y en Arata. Este año sumamos a Caleufú, Pichi Huinca, General Pico y Eduardo Castex. Uno de los proyectos importantes que estamos manejando es el Ballet, que se está conformando con sede de los ensayos en Pico. La idea es traer un poco de aire nuevo a esta ciudad, y bueno, surgió por la misma necesidad de los bailarines que se contactaron conmigo. La profesora Tatiana Roldán está colaborando y asistiendo en todo lo operativo. La convocatoria del fin de semana colmó nuestras expectativas, hubo mucha gente. Asistieron más de 30 personas. Hicimos ensayos intensivos durante ocho o nueve horas diarias, buscando abarcar danzas argentinas y también latinoamericanas, que es algo no muy conocido, no se ve mucho. Pero que son muy lindas y tienen similitudes con nuestras danzas. Vamos creciendo, la idea es presentarnos en festivales importantes, hacer giras nacionales e internacionales. En síntesis, representar a la provincia de la mejor manera.
En cuanto a la conformación de la delegación Pampa Norte, actuará como ballet invitado haciendo la apertura en alguna de las jornadas del Pre Cosquín 2018. El objetivo mayor es el Festival de Cosquín, pero se irá de a poco. Habrá más de 100 bailarines de todas las edades. La idea es armar una linda propuesta con músicos de La Pampa y de Córdoba actuando en vivo, hablando de la historia de esta provincia. Estoy viajando a cada una de las localidades que intervienen para marcar la coreografía. En los meses de octubre, noviembre y diciembre nos estaremos juntando todos para un ensayo general junto a los músicos, y de esa forma dejar todo establecido para enero.

– ¿Cómo observás el desarrollo que viene teniendo la danza tradicional en nuestro país?
– Considero que ha tenido un resurgimiento, principalmente en los más jóvenes. Y mucho tuvo que ver la aparición de artistas como Soledad, Abel Pintos o Luciano Pereyra, ellos le dieron un soplo de aire fresco a la escena. Creo que de lo contrario la danza folclórica se hubiese perdido, hoy no existiría. Con la misma evolución de la vida hubiese sido muy complicado. Esos artistas cuando asomaron en Cosquín y luego armaron una carrera, pusieron el folclore más cerca de la juventud, fue un incentivo para que se volcaran a cantar o bailar. Ir a aprender al menos lo básico de la danza para de esa manera no concurrir a una peña y quedarse sentado. Actualmente el folclore está más fuerte que nunca, lo puedo corroborar en cada paso que doy por mi país. Un ejemplo es esta ciudad, donde existen sitios que apuestan por el folclore y cada vez hay más reductos, más peñas. Con esta ley de los bailarines que está por salir y que permitirá la enseñanza en las escuelas significa un paso muy importante, más allá de que aprendan o no a bailar. Es fundamental saber de donde venimos. Lamentablemente viene sucediendo cada 25 de mayo o un 9 de julio que la vestimenta del gaucho aparece como alquiler de disfraces, y eso es algo que nos duele mucho a quienes somos defensores de nuestra cultura. Que exista gente tan ignorante que la defina como un disfraz. Esto nos obliga a nosotros mismos a que podamos desde nuestro hogar enseñar a nuestros hijos un mayor respeto hacia la raza y la cultura.

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Autor

Raúl Bertone