Un cielo en el alma, otro en la cocina

Se sabe que ser poeta significa ante todo llevar una doble vida, o mejor dicho, una vida doble. Por un lado el día común y silvestre al que debemos resignarnos, los temas de siempre, si hace calor o frío, la política, el supermercado; y luego (o quizás antes, depende de la clase de poeta que se quiera ser), viene ese doble yo que vive a los saltos, en el aire de una nube o en el aire de un pozo, pero a los saltos, obligadamente, subiendo y bajando de pies a cabeza, envolviéndolo todo y devolviendo asimismo una nueva versión del mundo sea donde sea, incluso en la cocina. El caso de la piquense Laura Carnovale no escapa a las generales de la ley, y mientras sus días transcurren como una ciudadana formal, dentro suyo vuelan las revoluciones que salpican las páginas y llegan finalmente al libro, su primer libro.
La presentación oficial ya está en la puerta, será este sábado a las 20,30 hs. en Ruidos y Nueces, sito calle 17 esquina 14. “Tengo un cielo en la cocina”, editado por el sello porteño Ruinas Circulares que dirige Patricia Bence Castilla, tiene una curiosa disposición en tanto que cada poema indica un día.

Trasuntamos el texto escrito por Maria Lyda Canoso, prologuista

T e n g o u n c i e l o e n l a c o c i n a – Interesante el juego que hace con las diferentes texturas de esta cocina – mundo donde transcurre un mes y un día, Mi patria es el espacio que construyo entre domingo y domingo entre el mate y la noche, dice Laura Carnovale, ciclo que, de forma circular, pareciera estar predispuesto a recomenzar todo el tiempo. Jugar con el espacio y el tiempo, interesante y sensible manera de pensar la vida desde una cocina aséptica, incolora, los grises y las transparencias y la gota de sangre de cuando el vidrio estalla. Y más allá, por la ventana, el cielo tiene el color de las ollas viejas.
Laura habla de la sensación de botella vacía me abollo, me retuerzo, me comprimo, me estiro, me soplo, me reciclo. Curiosa manera de nombrar el spleen, el vacío, la nada.
Esta constante búsqueda de las palabras que designen no es sino la búsqueda de la escritura, Solo algunas letras en el teclado el ruido de la gotera sobre el acero de la cocina el ruido de los dedos sobre las teclas la lluvia que no cesa.
Laura Carnovale nos desliza este libro interesante, cargado de significación, sutil, Amaso el pan y espero que la levadura haga su trabajo. Bienvenida, Laura, desde esa cocina, donde con este libro iniciás tu camino literario. Soy pan que espera ser. Te imagino escribir después de que la casa se acalla y todo está en su lugar.

Así escribe
Aquí va una poesía, la correspondiente al día 1, que fuera oportunamente trabajada en el Taller de Literatura dictado en la Biblioteca “José Manuel Estrada” de General Pico.

Día 1

No soy de ninguna parte.
Mi patria es el espacio que construyo
entre domingo y domingo
entre el mate y la noche.
Tengo orfandad de vuelo
y devoción por las ventanas.

No soy de ninguna parte.
Vengo del vientre y del deseo.
Mi infancia tiene el mismo olor a laurel
que cualquier infancia
el mismo sol
el mismo barro.
Algunas veces la niña llora
en el vértice opaco de la tarde.

De vez en cuando quiere salir.
De vez en cuando no quiere.

Otras veces el cielo se mete en la cocina,
entonces mi casa también es un lugar
suspendido
en ninguna
parte.

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