Vientito, por Luis González

Una nueva entrega trasuntamos ahora de la siempre sensible creatividad de Luis González, escritor y periodista realiquense.

Vientito

Cuenta un tipo al oído de quienes creen fervientemente en cosas que otros desoyen, que en el Barrio Arturo Illia, donde los pibes supieron jugar e incluso soñar con cosas de pibes que sueñan, en un parquecito que fue desaparecido por la irrupción de algunas construcciones, aún resopla un viento casi mágico.
Dice el mismo personaje, sumamente extraño por cierto y del que muchos niegan existencia por no haberlo visto jamás, que es el mismo viento que sopló en otros tiempos, que levantó aquellos barriletes de los chicos que hoy ya no son o que los despeinó un poco, mientras se disputaba un picado.
Afirma además que lo raro de esa brisa es que en ese lugar es sumamente suave.
Tan suave es, que resulta casi una caricia y es además, perpetua.
Pero surgen más datos insólitos a medida que uno indaga.
Solo roza a aquellos mismos pibes que vuelven al barrio en busca de recuerdos. A aquellos que golpean puertas en busca de amistades, o que gritan desde la vereda el nombre de vecinos que hoy ya no encuentran.
Pareciese un cuento de un personaje fuera de sus cabales que regala relatos difíciles de comprobar y provenientes de alucinaciones.
A mí, incluso, me dijo en susurros que ese mismo viento te dice cosas al oído. Que trae mensajes a los que creen. En algo.
Que busca a los que la fría adultez no les perforó el corazón de niño.
Y puede ser.
Me he parado de madrugada en ese barrio que me perteneció y me pertenece.
He merodeado lo que antes fueron hamacas y toboganes.
Lo hice cuando nadie ve a los que andan en busca de milagros que lo despabilen.
Sentí el viento fresco como un abrazo.
Me pareció escuchar el rebote de alguna pelota.
Escuché el ruido hermoso de un barrilete en lo alto.
Creí además escuchar una frase, como al pasar, casi fantasmal.
Y aunque sin entender claramente lo que decía, pudo ser un «tardaste, pero volviste».
También pudo haber sido un cariñoso «nunca te fuiste».
No logré descifrarla aun correctamente.
De poder elegir, la última es la que más me emociona.

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