¿El año termina con tu muerte? ¿Es el final? ¡El principio! Tú eres – el Año nuevo. (Amado, lo sé, me lees antes de que escriba) – Rainer, estoy llorando. Y eres tú – quien se derrama por mis ojos.
Querido, si has muerto, – es que no existe la muerte (¡o la vida!). ¿Qué más? Un pueblecito en Saboya – ¿cuándo? ¿dónde? Rainer, ¿y nuestro nido para el sueño? Ahora sabes ruso y sabes que Nest es – гнездо. […]
No quiero releer tus cartas, porque querré ir a alcanzarte, querré ir – allá, – y no me atrevo a querer, – tú sabes lo que está unido a este ‘querer’.
Rainer, te siento constantemente detrás de mi hombro derecho.
¿Alguna vez pensaste en mí? – Sí, sí, sí. –
Mañana es Año nuevo, Rainer – 1927. Y el 7 es tu número preferido. ¿Naciste en 1876 (el periódico)? – ¿51 años?
¡Qué infeliz soy!
Pero no debo afligirme. Hoy, a las doce de la noche, brindaré contigo. (Tú sabes cómo, chocaré tu copa sin rozarla.)
Amado: haz que te sueñe con frecuencia – no, no me he expresado bien: vive en mi sueño. Ahora tú tienes derecho a desear y a hacer.
Tú y yo jamás creímos en un encuentro aquí en la tierra – como tampoco creímos en la vida de este mundo ¿no es cierto? Tú te me adelantaste – […] y, para recibirme bien, has reservado – no una habitación, ni una casa – un paisaje. ¿Te beso en los labios? ¿En la frente? ¿En la sien? En los labios – naturalmente, querido, de verdad – como a un ser vivo.
[…]
Rainer, ¡escríbeme! (¿una súplica demasiado estúpida?)
¡Feliz año nuevo, Rainer, y un bello paisaje celestial!
Marina